El equipo jabato rompió la dinámica de cinco partidos consecutivos sin ganar y logró su cuarto triunfo en Anduva en 11 partidos. / Avelino Gómez

Un triunfo vital para coger aire

El Mirandés logra una importante victoria ante un rival directo en un duelo sin brillo pero más práctico que de costumbre

ÁNGEL GARRAZA

El Mirandés respira. Llega a los 23 puntos tras deshacerse anoche por 2-0 de la Real Sociedad B, un rival directo para eludir el descenso de categoría. Le aventaja en seis puntos y en cuatro al Fuenlabrada, que es el primero que bajaría de acabar así la Liga.

Fue el de este lunes un duelo cerrado, sin brillo, en el que predominaron los fallos e imprecisiones en los dos conjuntos, pero en el que el rojillo concedió muy poco en ataque a su adversario, Es el primer paso, el primordial, para dejar la portería a cero y poder puntuar con el propósito de coger aire.

Así fue como logró los tres puntos que sumó frente al Sanse. De una forma más práctica. El cuadro de Lolo Escobar fue más pragmático de lo que venía siendo habitual esta temporada, exhibió mucha menos alegría ofensiva, pero más firmeza atrás. Sin conceder tanto al oponente, una deficiencia que le impidió ganar en los últimos cinco partidos de competición y hacerlo solo, hasta ayer, en tres ocasiones cuando se presentó ante la hinchada jabata en los diez encuentros disputados en Miranda.

Con la mejora detectada en el bloque respecto al trabajo defensivo y en dos acciones puntuales, en las que mostró la mayor claridad ofensiva de todo el choque gracias a dos asistencias de Riquelme, que posibilitaron los goles de Camello y Brugué, se llevó el partido. Un triunfo, sin brillantez, pero vital.

El Mirandés se presentó con el once tipo de las últimas jornadas y el Sanse, con tres centrales cuando tenía el balón, una zaga que se convertía en cinco jugadores para defender, con dos hombres por delante y otros tres, López, Aldasoro y Lobete, en la primera línea de presión si eran los de Escobar los que optaban por sacar la pelota jugada.

Apenas se habían cumplido dos minutos y el filial había botado tres saques de esquina; el último llevó peligro tras un cabezazo cuyo balón se fue fuera por poco.

Camello, en el otro lado, no supo aprovecharse de un error de Blasco en la salida del cuadro donostiarra y Álex López, después, tiró fuera desde el borde del área en las dos llegadas que generaron algo de inquietud en el bando txuri urdin.

Los dos equipos querían el cuero. La posesión no tenía un dueño claro, si bien los locales lo tenían algo más en su poder, pero no había acercamientos claros ni ideas ofensivas por parte de ninguno de los dos. Las defensas en los dos equipos más jóvenes de la categoría superaban a las delanteras. Apenas trascendía algo sobre el césped y las imprecisiones se sucedían en ambos bandos. Algún centro muy defectuoso y nada más. Los dos conjuntos se bloqueaban y anulaban y demostraban los motivos por los que se encuentran ubicados en la parte baja de la clasificación.

Al Mirandés no le llegaban. Salvo en los dos primeros minutos, la Real B no merodeó el área rojilla. Sí que es cierto que en las últimas semanas los rivales visitan en menos ocasiones los dominios de Lizoain, aunque faltaba, ayer, frescura atacante. Camello, casi en el 45, se benefició de un rebote de la zaga guipuzcoana, pero su chut desde dentro del área se fue alto. Había sido la aproximación más peligrosa del equipo jabato en el primer periodo, casi la única a excepción de un tiro lejano y de un acercamiento propiciado por un error del contrario.

La segunda parte arrancó con la entrada de Riquelme en detrimento de Ìñigo Vicente. No obstante, nada relevante sucedía en un choque sin historia, que suele gustar mas a los entrenadores que al público donde los atacantes, de uno y otro equipo, carecían de opciones de crear verdadero peligro.

Imanol, en el minuto 63, lo probó; su disparo con la izquierda, sin embargo, salió muy desviado. En la línea que mostraban los efectivos que se desenvolvían sobre el tapete de Anduva. Los de rojo y los blanquiazules.

Hasta que casi en el 70, Riquelme vio el desmarque de Brugué, quien superó al portero Ayesa en su salida; ya en el área pequeña entre Camello y el defensa Blasco llevaron el balón al fondo de la red. El Mirandés se adelantaba en su acción de más claridad ofensiva de todo el partido.

El Sanse, en puestos de descenso y que había visto en Anduva una oportunidad para sacar la cabeza, se veía obligado a reaccionar. Su entrenador, Xabi Alonso, hizo entrar al extremo exmirandesista Djouahra y al delantero centro Karrikaburu.

Los visitantes dieron un paso hacia delante y pasaron a dominar el encuentro. Los rojillos, mientras tanto, se mostraban firmes atrás. Apenas permitían remates de los futbolistas del cuadro de San Sebastián.

Iago López y Gelabert se sumaron al partido por Camello y Álex López, los dos jugadores que se habían posicionado, por dentro, en zonas más ofensivas. El gallego dobló lateral y se ubicó por delante de Imanol en el perfil izquierdo y el segundo, se colocó como futbolista de referencia en el ataque.

Seguros atrás, había que aguantar el resultado. No solo lo consiguieron sino que en una acción calcada a la que significó el primer tanto, los mirandesistas cerraron el encuentro y el marcador con la segunda diana: Riquelme, de nuevo, vio que saltaba al espació Brugué y hacia allí le mandó el balón para que el '14' no fallara ante Ayesa.

Una gran asistencia del mismo jugador y una magnífica definición del futbolista cedido por el Levante, que se ha convertido en un consumado goleador con la elástica rojilla.

2-0 y un triunfo fundamental, sin florituras, para aventajar un poco más a los adversarios que ocupan las cuatro últimas plazas en Segunda División.