Raúl se recuperó de la lesión, marcó los dos goles y peleó hasta el final. / Avelino Gómez

Triunfo de calidad, casta y oficio para acabar el año

Los rojillos logran tres puntos de oro tras adelantarse por 2-0 y aguantar más de 40 minutos con un hombre menos

ÁNGEL GARRAZA

El equipo de Miranda confirmó las buenas sensaciones que transmite los últimos meses y se despidió de Anduva por este 2022 que agoniza con un meritorio triunfo por 2-1 tras exhibir calidad, su fenomenal momento de juego, tanto individual como colectivo, y acierto rematador en la primera parte y aguantar casi toda la segunda mitad con un jugador menos por la expulsión de Gelabert al recibir dos cartulinas amarillas. Ejercicio de resistencia ante una Ponferradina, como siempre, muy veterana, que aprovecha cualquier circunstancia para protestar y sacar partido de ello. No lo consiguió esta vez. Son tres puntos de oro que se quedan a orillas del Ebro, en la huida del descenso. Lástima que haya que parar ahora porque el nivel del Mirandés, al menos de 12, 13 futbolistas, es sobresaliente.

Esto le sirvió para ponerse por delante, cuando aún no se habían cumplido ni veinte minutos, por dos goles de diferencia. En el tramo final, en el que podían aparecer los fantasmas tras haber perdido puntos en los últimos minutos en ocasiones anteriores, el grupo tiró de oficio. El que se echaba en falta. Todos los que jugaron, apoyados en un inconmesurable Raúl García y en la veteranía de Manu García, evitaron que el rival apenas creara peligro y se tuviera que limitar a bombear balones, casi todos envíos defectuosos, y a tirar de lejos. Pero ahí no tienen la precisión que han cogido los de Etxeberria.

Quien confirmó el día anterior que Raúl García estaba recuperado de su dolencia en el hombro. Dejaba la puerta abierta a su inclusión en el once inicial. Finalmente, jugó porque es fundamental en este equipo. Tanto es así que suyos fueron los dos goles en los minutos 16 y 19. Uno de cabeza y el otro, adelantándose al defensa. De hombre de área. Tiene velocidad, calidad con el balón en los pies a pesar de su físico, pelea y y es el primero que presiona la salida de balón del contrario. Como para no darle entrada si en el último entrenamiento da el visto bueno el futbolista. No solo marca (ya lleva nueve dianas) sino que produce.

En la portería repitió Ramón Juan y volvió Navas al eje de la defensa tras cumplir la sanción. Por parte visitante, Gallego pobló el centro del campo y jugó con Espiau en punta. Yuri esperó su oportunidad en el banquillo.

En alza

Después de unos primeros minutos de tanteo, pronto se comprobó que el cuadro jabato se encuentra en estado de gracia, en el mejor momento de la temporada. En todas las facetas del juego, en defensa, en ataque y con unos futbolistas, el once tipo, en una forma extraordinaria tanto para recuperar la pelota como para distribuir, encarar o rematar a puerta. Pinchi dio el primer aviso y, a continuación, tras dejar sentado a su par en el córner, envió un medido centro para que el pichichi batiera a Amir; apenas tres minutos después, un tiro 'marca de la casa' de López fue rechazado con problemas por el meta y el ariete, muy atento, marcó a placer con la testa.

Salvo las dos cartulinas amarillas que vieron Gelabert y Oriol Rey, el resto fue un cúmulo de noticias positivas porque los visitantes no inquietaron en ningún momento a Ramón Juan. El Mirandés controlaba el partido. No solo en el marcador sino en el juego y en los tiempos del duelo. Mandaba sobre el césped.

Gallego no lo vio nada claro y el sempiterno Yuri entró tras el descanso. El brasileño volvió a su cita con el gol, premio que repite de forma asidua cuando se mide al Mirandés. El primer balón que tocó fue para dentro tras una internada de Hugo Vallejo y la escasa intensidad de la zaga.

Faltaban más contratiempos. Cinco minutos después Gelabert vio la segunda amarilla porque el valenciano Caparrós Hernández (estuvo mal) entendió que había simulado penalti. Al jugador rojillo se lo comían los rivales, muy protestones durante todo el choque y, en muchas ocasiones, 'buscando' a los jóvenes jugadores locales. Con 'solo' 2-1 y diez hombres en el campo empezaba otro encuentro con 40 minutos todavía por delante. El Mirandés se 'acurrucó' en un 5-3-1, mientras Manu García se incorporaba al duelo por Roberto López. Había que reforzar la medular en inferioridad ante un oponente que se hizo con el cuero.

Le costaba, sin embargo, encontrar los espacios. Solo llevaba peligro a balón parado. Los de casa salían muy poco de su campo. Parra se sumó por Juanlu para meter más intensidad defensiva en la banda derecha (tampoco hay muchos recambios más). La Ponferradina lo intentaba desde lejos, con tiros que se marchaban fuera. Tampoco mostraba excesivas ideas para batir por segunda vez a Ramón Juan. Sin ocasiones transcurrían los últimos compases del encuentro.

Caparrós decretó siete minutos de prolongación ante el abucheo de la parroquia rojilla, que creía excesivo ese tiempo de más. Raúl se peleaba en ataque con los defensas rivales. En los últimos minutos, aguantó junto a Manu en el córner para dormir el choque. Era lo que hacía falta para sumar tres puntos de oro.