La Segunda División no perdona

El Cádiz se llevó los tres puntos de Anduva al materializar un penalti en el minuto 89. /Avelino Gómez
El Cádiz se llevó los tres puntos de Anduva al materializar un penalti en el minuto 89. / Avelino Gómez

Cualquier error no forzado se paga como ha podido comprobar un Mirandés que en el juego, no ha sido inferior ni al Rayo ni al Cádiz

ÁNGEL GARRAZA

El mirandesismo ya daba por bueno, dadas las circunstancias, el empate a uno en el minuto 87, pero el Cádiz merced a un penalti desniveló la contienda para llevarse de Anduva los tres primeros puntos de la temporada. Y es que esto no es Segunda B, donde los errores no forzados pueden pasar más desapercibidos. Lo que se regala se paga y el conjunto rojillo ha regalado mucho a sus rivales en los dos primeros partidos de competición. Nunca se sabrá, pero da la sensación de que si no hubiera sido así, el bloque de Iraola podía llevar más puntos del que ahora aparece en su casillero de la clasificación.

Está muy interiorizado que el Mirandés, en la segunda categoría del fútbol profesional, ya no es cabeza de ratón sino cola de león. Pero, precisamente por eso, se tiene asumido que si es superado al final del tiempo reglamentario, que lo sea porque el rival se lo trabaje, se lo sude y demuestre que es mejor sobre el césped. Que tiene más calidad. No por las concesiones, en algunos casos groseras, que han puesto en bandeja a los rivales la suma de puntos.

Ni Cádiz ni Rayo Vallecano han demostrado ser mejores, al menos en este inicio de competición y por lo visto en el campo en Vallecas y Anduva, que los rojillos. Los adversarios, sin embargo, no perdonan y les hace falta muy poco para condenar al oponente. A la mínima ocasión que tienen, machacan.

Al margen del distinto rasero con el que parecen medirle los árbitros en cuestión de faltas y tarjetas –siempre va a ser objeto de debate y depende de qué lado se mire; ahora, además, hay VAR, a través del cual se ve todo lo que ocurre en las áreas–, lo cierto es que el Mirandés frente al Rayo tenía ventaja numérica, que perdió por una falta cometida en el área del contrario. Rigurosa o no la segunda tarjeta amarilla que vio Carlos Julio en la primera mitad, se quedó con 10.

Los goles del rival llegaron por otras tantas penas máximas y por la falta de contundencia del bloque en labores defensivas. Significativo fue el penalti que se produjo en la contra tras un saque de esquina a favor del Mirandés, con diez jugadores rojillos en el área, mal posicionados, y solo Carlos Julio por detrás para frenar el avance del oponente. Demasiado fácil para el adversario. Ante el Cádiz, en el duelo siguiente, ya se pudo comprobar que había hasta tres futbolistas colocados fuera del área para cortar su progresión si se repetía esa situación. Se corrigió para que no vuelva a suceder. Y si pasa, que sea por la calidad del rival, no por errores de esta índole.

Más reciente, esta cita frente al Cádiz, con la jugada que marcó el encuentro: la expulsión de Álvaro Rey. Ahora, tipificada como expulsión, como es bien sabido, al margen de la mayor o menor dureza de la acción en sí. Pero ni el minuto (22) ni la zona del campo en la que se produjo (en una esquina de terreno cadista) justifican la entrada. Otra vez, demasiadas facilidades a unos adversarios a los que se supone más poderosos en todos los órdenes. No necesitan regalos.

El Cádiz tampoco demostró ser superior pero se aprovechó de un despeje defectuoso del portero, que en lugar de atrapar o desviar a un lado, dejó el balón a los pies del delantero en el centro, a escasos metros de donde Limones (salvador otras tardes y en la final ante el Baleares en Mallorca, que supuso el ascenso) se encontraba.

Y de un penalti cuando no hacía ni un minuto que el Mirandés acaba de empatar (en el 86, a solo cuatro del final). Una pena máxima por una falta a un contrario que se encontraba de espaldas a la portería.

Demasiadas concesiones. «Da un poco de rabia porque hasta la expulsión estábamos jugando bien, con buenas sensaciones, con diez tuvimos que renunciar a mucha posesión, después no concedimos ocasiones claras, salvo algún tiro lejano y estábamos compitiendo bien, hicimos lo más difícil, que era empatar y con otro penalti se nos vuelve a ir otro partido y dos puntos», afirma Iraola, plenamente consciente de los detalles que hay que pulir porque las decisiones de los colegiados son eso, suyas, y ahí no se puede influir con el trabajo diario.

Es lo que decanta un partido a favor o en contra, principalmente si son duelos igualados; el Mirandés no está acertado en estas acciones en las que está siendo objeto de la atención constante de los colegiados en forma de tarjetas, amarillas y rojas, y penaltis.

La última expulsión, la del entrenador, a pesar de que el propio afectado confesó que «no dije nada al árbitro. Sí que me había advertido por gesticular con los brazos; ya sé que no les gusta eso, así que intentaré no repetirlo».

«Seguimos trabajando», lanza Enric Franquesa, que lamenta el último resultado cosechado por el grupo a pesar del «trabajo realizado por el equipo».

El tercer partido del campeonato doméstico llevará a los rojillos hasta Soria, donde se medirán al Numancia, un duelo en el que ambas escuadras buscarán conseguir el primer triunfo de la Liga con el que ir cogiendo más confianza. Peñas mirandesistas anuncian viaje para acompañar al equipo en este corto desplazamiento.

El lateral Montoro, en la órbita rojilla tras rescindir con el Almería

El club andaluz empieza la operación salida. El primero con el que ha llegado a un acuerdo para rescindir su contrato, a pesar de que le quedaba otro año, es el lateral derecho Adri Montoro. Natural de Tarrasa, de 24 años, es uno de los que está en la órbita del Mirandés para ocupar un puesto aún no doblado. Llegó al Almería la campaña pasada tras su paso por el Sporting B, donde jugó 'play off' el curso en el que discutió el campeonato al Mirandés. Firmó un buen año, debutó con el primer equipo gijonés y quiere quedarse en Segunda.