Ridículo del Mirandés en Santander

Tocados, por los suelos y desconectados se comportaron ayer los jugadores rojillos. /N. C.
Tocados, por los suelos y desconectados se comportaron ayer los jugadores rojillos. / N. C.

Una labor defensiva impropia de una categoría profesional, sin contundencia y sin concentración, regala la goleada al Racing

ÁNGEL GARRAZA

El Mirandés no puede dar la imagen que ofreció ayer en Santander. En Segunda División puedes perder cualquier partido. Es uno de los modestos de la categoría que tiene que trabajar mucho para sumar puntos y que, por todo ello, se le concede licencia para no ganar de una forma tan habitual como se desearía, pero es que si regala el partido a su rival, literalmente, poco va a poder hacer en esta categoría. Mucho tiene que mejorar el plantel pero, sobre todo, la faceta defensiva un bloque que si desde el inicio del campeonato se ha comprobado que se comporta de manera muy endeble, lo de ayer superó con creces todo lo anterior. Si los racinguistas hubieran estado un poco más acertados y necesitado más tantos, la goleada en contra podía haber sido de escándalo.

Sí que es cierto que el Racing jugó unas horas antes en la anterior jornada, pero eso no debe ser una excusa en el mes de septiembre y con jugadores a los que se supone bien preparados. Fallos impropios de unos jugadores de Segunda División, de falta no ya de contundencia, que también como toda la campaña, sino de concentración a la hora de los controles (el error del portero fue el colmo, si va a portería el balón se mete el gol él), de las conducciones, de pases relativamente sencillos, despejes sin criterio alguno y, en definitiva, de falta de compromiso por parte de muchos. Es, al menos, lo que se transmitió desde el rectángulo de juego. Y eso es lo peor.

Hacía muchos años que el Mirandés no daba una imagen tan pobre en todos los sentidos en un encuentro de fútbol. Han salido partidos malos, es lógico en una competición tan larga y tampoco por eso se cae el mundo (el de Soria sin ir más lejos) si bien el disputado en El Sardinero fue un cúmulo de despropósitos en todo. No compitió nunca nadie, que es lo que se le pide y exige a la plantilla, al margen ya del resultado que se obtenga.

Todo ello contribuyó a dejar en bandeja el partido a un Racing que sin hacer nada del otro mundo se encontró con su primer triunfo de la campaña y de la manera más holgada y cómoda menos prevista.

Cuando uno se pone a ver un encuentro de esta categoría nunca se imagina que va a presenciar algo así. Hay fallos siempre en el fútbol; de hecho, consiste en esto este deporte pero es que lo de Santander fue un coladero atrás y del medio del campo hacia delante inexistente quienes intervinieron estuvieron, todos, desaparecidos. No es la mejor manera, precisamente, de ganarse el puesto como pide Iraola. Ayer ninguno lo hizo.

La sangría defensiva es brutal por parte de unos futbolistas, algunos, que hoy en día dan la sensación de que no tienen nivel suficiente para competir en Segunda. Son errores muy groseros. Es lo que se ha visto. El Mirandés resucitó a un Racing que dio la impresión de que se tomó mucho más en serio este compromiso. Es lo que se transmitió tras lo visto sobre el césped durante todo el choque. Baste decir que el único tiro con cierta intención del Mirandés fue en el minuto 90 a cargo de Guridi. Lo desvió Luca Zidane.

El Mirandés puede perder cualquier encuentro, eso toda la afición rojilla lo reconoce y nadie se va a llevar las manos a la cabeza por ello. Pero no así, dando una imagen lamentable por parte de todos los efectivos, en especial de los zagueros, que cometieron errores de conceptos básicos, que se aprenden en la base, en benjamines.

Un choque no para olvidar, porque eso sería pasar de largo y no intentar superar los errores que siempre hay que intentar corregir en cualquier circunstancia y profesión, sino para aprender. Queda muchísimo trabajo por hacer por parte de un grupo que se muestra muy endeble cuando llega el rival a su área, cuando le centran en las acciones a balón parado o cuando tiene que sacar la pelota jugado y proponer fútbol.

La cita arrancó con dominio alterno. Iba a ser un espejismo. Tampoco ayudó nada que Merquelanz, el goleador del Mirandés en este inicio liguero y un hombre importante para Iraola, se retirara lesionado en el minuto 12. Ernest –pasó totalmente desapercibido en el encuentro– fue su sustituto.

Fue una baja que se notó mucho. Pero no sirve de excusa para explicar el lamentable espectáculo que brindó el Mirandés a sus aficionados, a los pocos que estuvieron en El Sardinero y a los que siguieron a su equipo desde la televisión.

Una mala salida de balón, una vez más, propició que Enzo asistiera a Nuha para hacer el primero en el minuto 23. Tres después, Cristian ni se hace con el balón ni despeja ni frena el avance de Nuha desde el centro del campo y el ex del Baleares logra el segundo.

Y ya en la segunda parte un blandísimo Álex no corta a Nuha, que hizo lo que quiso en todo el partido –Iraola hizo jugar a Simon para frenar al de Gambia, pero de nada sirvió– ante la permisividad defensiva de Alexander, asistió a David y éste con la izquierda y de forma más suave hizo el tercero mientras el portero y los zagueros visitantes miraban cómo entraba el cuero.

Y ya el cuarto, en el 71. Cómo no, tras un saque de falta, que remató Yoda de Cabeza. Guridi, en el 90, tiró desde lejos. Solo eso. Una derrota muy dolorosa por las formas.