Menos puntos y menos goles que durante la primera vuelta de la competición

Los rojillos presentan guarismos idénticos a los del pasado ejercicio en cuanto a puntos. /OSMA
Los rojillos presentan guarismos idénticos a los del pasado ejercicio en cuanto a puntos. / OSMA

Los rojillos promedian 1,28 goles por partido respecto a los 1,63 que anotaron en la primera mitad

TONI CABALLERO

El fútbol puede leerse de mil y una maneras, desde el análisis del juego; del rendimiento; de los sistemas e incluso ta través de la estadística. Sin embargo, existe un valor incuestionable que marca el devenir de jugadores, cuerpo técnico y equipo en general: el gol. La puntería de cara a puerta es tan importante cuando se despliega un buen fútbol y es necesario finalizar las ocasiones generadas, como cuando el conjunto atraviesa dificultades en el juego y necesita tapar puntos, o tapar carencias, a base de dianas. El Mirandés, actualmente, no se encuentra en ninguno de esos dos extremos. Si bien no está mostrando su mejor versión, tampoco refleja carencias que no pueda subsanar en los próximos partidos. Una de ellas, el bajón que ha sufrido su rendimiento goleador durante las 14 jornadas que se han disputado de segunda vuelta.

El conjunto liderado por Borja Jiménez cuajó una primera mitad de competición con unos registros goleadores impecables que debieron traducirse en más puntos en la tabla. Los rojillos cerraron las primeras 19 jornadas de liga con 39 puntos, 31 goles a favor y 14 en contra. Entonces, la maquinaria ofensiva rojilla acostumbró a la afición a protagonizar numerosas ocasiones de peligro en cada duelo; anotando además 1,63 goles por encuentro y encajando sólo 0,73. Esta inercia se ha visto modificada en la segunda vuelta de competición. El cansancio inherente a la Copa Federación, el desgaste propio de la liga regular, las rachas de juego o el crecimiento de los rivales; son algunos de los factores que han derivado en que los rojillos hayan rebajado su promedio goleador a a 1,28 goles por partido en las 14 jornadas que se han disputado de la segunda vuelta. 18 goles a favor que contrastan con la solidez defensiva, que se ha mantenido regular con 11 tantos en contra, 0,78 por choque.

Si echamos la vista atrás, el Mirandés de la temporada pasada finalizó la primera vuelta con 43 puntos, 4 más que el actual, con 3 goles menos a favor y los mismos en contra. Un campeonato notablemente más asequible que el presente. Asimismo, tras 33 jornadas de liga, los de Pablo Alfaro también habían cosechado 63 puntos, como en la actualidad, y eran segundos a 4 puntos del Sporting B, líder por aquel entonces. El antecesor del actual bloque rojillo anotó 48 goles a favor en las primeras 33 jornadas, un tanto menos que el liderado por Borja Jiménez, y encajó 32 en su portería, 7 más que el del presente curso. Números idénticos que evidencian que, pese al ligero descenso ofensivo que está adoleciendo la escuadra en la segunda mitad de la temporada, este Mirandés es todavía mejor que el del año pasado en las dos facetas del juego.

Teniendo en cuenta todas estas similitudes con los registros de la temporada pasada, el Mirandés tratará de emular el final de curso acometido por los pupilos de Pablo Alfaro. Un equipo que, en las últimas 5 jornadas de competición regular, fue capaz de sumar 4 victorias y un empate, 13 puntos más para un total de 76, que le acabaron otorgando el campeonato del grupo. Los hizo con dos ingredientes diferenciados, efectividad y solidez. Tanto es así que anotó un gol por partido, para un total de 5, y consiguió el triunfo en cuatro de ellos. A su vez, también fue capaz de dejar la portería a cero en sus cuatro victorias, encajando solamente un gol en Gobela, frente al Arenas de Gexto, en la penúltima jornada. Partido que finalizó con resultado de empate a 1.

A día de hoy, el Mirandés suma 24 puntos en la segunda vuelta, ha descendido de 2,05 puntos por partido a 1,71 en la segunda parte del curso. Aún así, son 4 más que sumaron los pupilos de Alfaro durante las mismas 17 jornadas de la pasada temporada. Con el liderato prácticamente confirmado para el Racing de Santander, que acumula 74 puntos con 11 de diferencia respecto al Mirandés y a falta de 15 por jugarse, los rojillos han de tratar de imitar el final de liga que acometieron sus antecesores con el objetivo principal de cerrar la segunda plaza en la tabla clasificatoria, que otorgaría el factor campo durante al menos la primera eliminatoria de play off.

Por último, el calendario que espera al cuadro mirandesista parece ser favorable para los intereses del equipo de Anduva. Al igual que el año pasado, tres de los cinco compromisos restantes se desarrollarán en el campo de a orillas del Ebro. Real Oviedo B, Real Sociedad B y Vitoria rendirán visita al feudo rojinegro, donde el Mirandés todavía no sabe lo que es perder esta temporada. Se trata dedos equipos que gustan del fútbol ofensivo y de posesión, propio de los filiales, y que también conceden espacio para que el contrincante plantee su juego. El tercero, es el farolillo del grupo segundo de Segunda B, a 7 puntos de la salvación y todo hace presagiar que abandonará la categoría de bronce del fútbol nacional esta temporada. Asimismo, el Mirandés deberá de hacer las maletas dos veces más en lo que queda de liga. La primera, dentro de una semana, para visitar a la Unión Deportiva Logroñés en Las Gaunas. Partido a priori, con tinte definitorio de cara a la segunda posición den la clasificación. En segundo lugar, los rojillos finalizarán la temporada en Gobela, en Getxo, donde se enfrentarán al Arenas en un campo de hierba artificial que siempre resulta complicado para todos los rivales.

Curiosamente, la campaña pasada, el Mirandés también se dueló con Real Sociedad B, Logroñés y Arenas en las últimas cinco jornadas; y el balance se saldó con dos victorias de los de Anduva por 1 gol a 0 y tablas en Gexto con resultado de 1 a 1. Habrá que esperar para dilucidar si los pupilos de Borja Jiménez son capaces de reencontrarse con su facilidad goleadora y si van continuar siguiendo los pasos del equipo de Pablo Alfaro, que cuajó un final de temporada regular impecable.