Odei se despide del fondo de animación tras el último partido de la temporada. / Avelino Gómez

Objetivo cumplido tras un curso de «muchos altibajos»

El Mirandés certificó la permanencia a falta de dos jornadas para el final, aunque la plantilla admite excesivos vaivenes en la Liga

ÁNGEL GARRAZA

La opinión generalizada del hincha rojillo coincide con el balance que hacen los propios futbolistas. El objetivo se ha cumplido, que es lo importante, y el Mirandés disputará la novena temporada en Segunda División, si bien no se oculta que la trayectoria ha estado salpicada de continuos «altibajos», que han impedido una mejor clasificación al tratarse de un grupo de jugadores con un enorme talento, principalmente de medio del campo hacia delante.

Aunque muy joven, con lo que eso supone a efectos de virtudes y algún defecto. Con todo lo bueno (mucho) y lo menos positivo que eso tiene. El desparpajo necesario para buscar al rival y la victoria, pero también la irregularidad y la inconsistencia. Capaz de lo mejor y de lo peor.

Ha sido una temporada «de muchos altibajos», reconoce uno de los capitanes del equipo, Odei. «Ha habido momentos malos, buenos y maravillosos», señala Riquelme. No obstante, los futbolistas concluyen que se van «satisfechos» porque se ha consumado la continuidad una campaña más en Segunda División.

Un empate sin goles en La Rosaleda, que bien pudo acabar en victoria, fue el pistoletazo de salida. Un partido que evidenció todo lo bueno y menos bueno que el aficionado jabato iba a ver a lo largo del curso: mucha calidad ofensiva (logró dos goles, que fueron anulados en sendas decisiones arbitrales, al menos, controvertidas) pero también sufrió lo indecible en defensa, dando sensación de pasar muchos apuros cada vez que se acercaba el adversario.

Esa iba a ser la tónica. Si el plantel se mostraba acertado arriba, sacaba los partidos adelante: Amorebieta (2-0), Las Palmas (4-2), Tenerife (1-2), pero si no era así, tocaba sufrir de lo lindo. Ante el colista Alcorcón en Anduva (1-3), frente al Sporting en El Molinón (2-1), ante el Leganés (1-2), en Burgos (1-0), Girona (1-2) o Almería (1-4) en Anduva.

En algunos casos, asimismo, dando sensación de una tremenda indefensión: Valladolid (3-1), Cartagena (3-0), Huesca en El Alcoraz (4-0), Sporting en Anduva (0-3). Todo ello derivó en la destitución del técnico, Lolo Escobar, el primer cesado en mitad de una temporada desde que el vallisoletano Chema Aragón es el director deportivo. En la entidad quisieron darle un voto de confianza hasta que la situación se hizo insostenible y el Mirandés merodeó los puestos de descenso. Y, lo que es peor, transmitía unas sensaciones que no invitaban al optimismo precisamente.

El extremeño, apuesta del club, acusó su inexperiencia. Se le cayó el equipo, lo que motivó la llegada de Joseba Etxeberria. El elgoibarrés no pudo lograr la victoria en su visita a Almería (2-1), pero la semana siguiente sí ante el Tenerife (2-1). Se rompía una racha adversa de tres encuentros consecutivos perdidos.

Firmó, con muy buena nota, tres triunfos seguidos contra Cartagena, Sanse (muy importante) y Ponferradina, un empate que se quedó corto en el campo del entonces líder Eibar y una victoria en el duelo provincial ante el Burgos (3-1). Además de salir victorioso de esos envites en el marcador, dejó una muy buena imagen en todos. El conjunto jabato iba hacia arriba.

Sin embargo, en su mejor momento de juego, resultados y confianza, llegó un varapalo en forma de cuatro derrotas consecutivas (ante el Valladolid mereció ganar), lo que provocó que aparecieran en el entorno algunas dudas. El 4-0 ante el Ibiza en Anduva las disiparon.