El Mirandés supera los 3.100 euros en multas por tarjetas en solo dos partidos

Andoni Iraola no se podrá sentar en el banquillo del equipo rojillo ante el Numancia y el Oviedo. /A. G.
Andoni Iraola no se podrá sentar en el banquillo del equipo rojillo ante el Numancia y el Oviedo. / A. G.

La roja supone 200 euros de sanción al club y 600 al jugador, la del técnico 1.000 en total y 90 cada cartulina amarilla

ÁNGEL GARRAZA

No es de extrañar que en las altas esferas del club exista cierta preocupación por este hecho, ante el que tanto desde la entidad como desde el propio equipo se han conjurado para impedir que se suceda con la periodicidad que lo está haciendo en los dos primeros encuentros. Y si ocurre, que al menos esas tarjetas, principalmente las rojas, sirvan para salvar partidos y puntos. No al contrario. Y es que en solo 180 minutos, dos duelos, el Mirandés acumula una multa por efectos disciplinarios de 3.140 euros.

Entre el exceso de celo de los colegiados a la hora de señalar faltas y mostrar amonestaciones al recién ascendido y la excesiva ingenuidad de la que ha pecado el equipo en determinadas fases de los compromisos, lo cierto es que se trata de una cantidad muy abultada para los escasos choques de competición que se han jugado.

Todavía más para un club como el rojillo, que mira hasta el último céntimo, que renuncia (ni se plantea) algunos fichajes de futbolistas libres para jugar en Segunda y que apura hasta el último segundo de plazo para incorporar jugadores porque en la recta final, justo en la bocina, son mucho más baratos.

Hasta ahora, dos han sido las expulsiones que han sufrido los miembros de la plantilla rojilla: Carlos Julio en Vallecas ante el Rayo y Álvaro Rey en Anduva frente al Cádiz. Además de la roja que vio el entrenador, Andoni Iraola, en la última cita. En el Código Disciplinario de la Federación Española, en su artículo 52, relativo a 'las multas o sanciones de carácter económico' se recoge que «la sanción de suspensión (por roja) conllevará multa al club por importe de 200 euros cuando se trate de equipos adscritos a Segunda División, por cada partido o mes que abarque».

Y «tratándose de jugadores, entrenadores o auxiliares profesionales se les impondrá, con independencia de la sanción pecuniaria que corresponda al club, una multa equivalente a sus retribuciones, por todos los conceptos, correspondientes al período de inactividad, computándose cada partido de suspensión como una semana».

En este caso, es de 600 euros para cada uno de los tres expulsados. «Cuando la comisión de la infracción prevista en el Código Disciplinario no lleve aparejada una multa específica para el infractor, se aplicarán las siguientes infracciones: muy graves, multa de 3.005,06 a 30.050,61 euros; infracciones graves: multa de 601,01 a 3.005,06 euros e infracciones leves, hasta 601,01.

A continuación, dependerá de cada club y de sus reglamentos internos la forma y los encargados de financiar estas sanciones. Así las cosas, la entidad acumula 800 euros por las multas (400 por la expulsión de Iraola, castigado con dos partidos, y 200 por cada jugador) originadas por las rojas más otros 1.800 euros a los futbolistas y el míster.

Eso, respecto a las suspensiones. En cuanto a las amarillas, el coste es de 90 euros por cada una. En el conjunto mirandesista han percibido cartulina Sergio González, Merquelanz, ambos en el estadio ubicado en el barrio madrileño (a Carlos Julio, a estos efectos, se le computa la roja no las dos amarillas), mientras que siete días después las recibieron Mario Barco, Galder Cerrajería, Enric Franquesa e Íñigo Vicente. Seis, lo que se traduce en 540 euros, que se suman a los 2.600 que se deben abonar por las expulsiones.

Merma tanto en el césped como en las arcas. De ahí que tanto dirigentes como dirección deportiva, técnicos y futbolistas se hayan conjurado para evitar estas acciones, en la medida de lo posible y siempre que no estén motivadas, como es lógico, por una razón de peso. Si se siguiese esta media, el Mirandés acabaría con 66.000 euros en multas, 11 millones de las antiguas pesetas, en tarjetas. Algo impensable en la sede de Francisco Cantera.