El Mirandés regresa con sufrimiento a Segunda dos años después

Los jugadores del Mirandés celebran el ascenso./Avelino Gómez
Los jugadores del Mirandés celebran el ascenso. / Avelino Gómez

Rentabiliza los dos goles cosechados en la ida, tras caer 3-1 frente al Baleares de Manix Mandiola en el campo de Son Malferit

D. MEABE

El Mirandés es nuevo equipo de Segunda División. Tuvieron que sufrir hasta el final pero regresan a la categoría de plata dos años después pese a perder por 3-1 ante el Atlético Baleares de Manix Mandiola en el partido de vuelta de la ronda final disputado ayer en el campo de Son Malferit. El 2-0 de la ida en Anduva fue determinante en el ascenso del conjunto dirigido Borja Jiménez. A pesar de que los visitantes se pusieron por delante en el marcador al cuarto de hora con el gol del brasileño Matheus Aias, lo que obligaba a sus rivales a marcar cuatro tantos si querían superar la eliminatoria, vieron como el encuentro se les complicaba en la segunda parte porque los isleños estuvieron muy cerca de conseguirlo. El Mirandés sufrió hasta el último minuto pero regresa a una categoría que perdió en 2017 y lo hizo peleando ante un rival que no se lo puso fácil y contra el calor asfixiante -32 grados- en la capital balear.

El madrugador gol de los burgaleses les puso el choque de cara y supuso un jarro de agua fría para el Baleares, que había afrontado el partido con la intención de no encajar y estrenar pronto su marcador impulsado por el apoyo incansable de la grada. Los blanquiazules acusaron el golpe y tardaron muchos minutos en crear peligro ante la portería de Limones. De hecho, a lo largo de la primera tiempo el orden de los visitantes impidió que pudieran obtener rédito a sus llegadas. El colegiado no apreció como penalti unas manos de Melli en su área al final del primer tiempo.

A pesar de que tan sólo restaban 45 minutos, los dirigidos por el eibartarra no cejaron en su empeño tras la reanudación y consiguieron cambiar la dinámica del partido por medio del delantero gambiano Nuha Marong. El africano vio puerta por partida doble en apenas seis minutos lo que llevó el delirio a las gradas, que con el 2-1 empezaron a creer que el milagro era posible.

Tensión enorme

Son Malferit se vino abajo a falta de diez minutos para la conclusión del choque con el tercer tanto, obra de Marcos Jiménez, que dejaba al Baleares a un gol de la gesta. Los últimos compases de la contienda se jugaron bajo una tensión enorme. Los de Manix Mandiola buscaron el gol del ascenso de manera desesperada y a través de todos sus medios, mientras que el Mirandés optó por cerrarse y tratar de salir en alguna contra. El acoso a la portería defendida por Limones fue muy importante y el guardameta salvó a su equipo en el último minuto de la prolongación con una intervención providencial ante un disparo de Vallori. Al final, la explosión de alegría en las filas del equipo burgalés fue evidente y la decepción en las filas blanquiazules enorme. Se quedaron a las puertas del ascenso a una categoría que se le resiste desde hace 56 años.

Temas

Fútbol