Carreira y Lizoain observan como Weissman anota el tercer gol de Valladolid. / prensa2

El Mirandés nunca había recibido tantos goles en Segunda división

Ni con Iraola ni en la campaña del descenso mostraba a estas alturas de competición tanta fragilidad defensiva

R. C. G.

Frenar la sangría defensiva es ahora mismo la prioridad para Lolo Escobar. En las últimas semanas se ha hablado mucho de los problemas del Mirandés en esta faceta del juego ya que los rivales le llegan con demasiada facilidad, pero todas las variantes que ha probado el técnico han sido infructuosas. Colocar a Álex López como mediapunta para presionar la salida de balón del rival parecía que iba a ser la solución, pero en Valladolid el equipo mostró otra vez una alarmante fragilidad que no es un problema exclusivo de los zagueros, sino que falla la contención a nivel colectivo.

Los números son significativos ya que el Mirandés ha encajado 26 goles, una cifra que solo empeora el colista de la categoría, el Alcorcón. El resto de equipos presenta unos registros mucho mejores que los pupilos de Lolo Escobar.

Aunque los rojillos tienen pegada, es casi imposible sumar puntos cuando recibes una media cercana a los dos goles por encuentro. Ni siquiera el conjunto dirigido por Andoni Iraola, que proponía un constante intercambio de golpes consciente de que tenía pólvora en ataque y que también firmó un irregular inicio de temporada en el que encajó alguna goleada, había visto perforada la portería en tantas ocasiones (24) a estas alturas de la temporada.

De hecho, ningún equipo del Mirandés en las ocho campañas que el club ha militado en Segunda, firmó peores números defensivos que la actual plantilla.

La temporada del estreno en Segunda, en la jornada 15, los entonces dirigidos por Carlos Pouso habían tenido que ir a buscar el balón al fondo de la red en 17 ocasiones, una vez más que al año siguiente los pupilos de Carlos Terrazas.

Con el técnico vizcaíno el equipo arriesgaba en exceso atrás, al utilizar una defensa de tres jugadores y un esquema táctico que concedía muchos espacios. Sin embargo, las cifras de goles encajados estaban muy lejos de las de ahora, incluso la campaña 2016-17 en la que se consumó el descenso. Disputada la decimoquinta jornada de competición el equipo ya daba claros síntomas de decadencia, pero todavía estaba fuera de los puestos de descenso y le habían marcado 23 goles.

Los tres tantos recibidos en Valladolid pesan como una losa, no solo por la derrota sino porque vuelven a sembrar dudas en una plantilla que tiene un marcado perfil ofensivo y que no logra encontrar el equilibrio necesario para enderezar el rumbo. Los partidos del Mirandés suelen ser una ruleta rusa, en la que los rojillos están obligados a marcar porque saben que es poco probable que dejen su portería a cero. Solamente en tres encuentros, las dos primeras jornadas y la cita en Ibiza, Lizoain ha finalizado el partido sin tener que sacar el balón de la red. En el resto de encuentros, el equipo ha hecho aguas en defensa y en ocasiones ha salvado puntos gracias a que arriba tiene jugadores capaces de cambiar el rumbo de un partido en cualquier acción.