El Mirandés tiene 19 fichas, le quedan seis libres y fichará un lateral diestro, un pivote y un delantero

Enric Franquesa tiene ficha del filial pero solo intervendrá con el bloque de Segunda. /Dani Sánchez
Enric Franquesa tiene ficha del filial pero solo intervendrá con el bloque de Segunda. / Dani Sánchez

El meta Alberto la tiene del filial, al igual que Enric, pero en el contrato del futbolista de banda se estipula que jugará solo con el primer equipo

ÁNGEL GARRAZA

El próximo día 2 de septiembre, lunes, concluye en España el plazo para que se produzcan movimientos de jugadores ante la campaña que acaba de arrancar. A pesar de ello, el periodo hábil está abierto a diferencia de lo que sucede en otros países, que se cierra cuando se inicia la competición oficial. El Mirandés, por lo tanto, dispone aún de once días para incorporar jugadores a su, a día de hoy, corta plantilla. Tal es así que actualmente dispone de un total de 19 fichas del primer equipo, motivo por el cual le restarían todavía seis por cubrir porque el máximo es de 25.

El cancerbero Alberto se incorporó como tercer portero del plantel y su puesto estará en el filial, de Tercera División, siempre y cuando no vaya convocado con el primer equipo, con el que entrenará pero sabiendo que su lugar es el segundo conjunto mirandesista. Enric Franquesa, por su parte, recaló cedido por el Villarreal y su ficha es del filial (en Vallecas jugó con el dorsal 26) pero su caso es diferente porque en el contrato del de Barcelona sí se estipula que su lugar es el equipo de Segunda División. Nunca la escuadra de inferior categoría.

Así las cosas, se contabilizan 19 futbolistas con licencia del equipo que pertenece a la LFP. A expensas de que se produzca alguna salida en próximas fechas, una acción que no se descarta con el fin de que los efectivos que apenas vayan a contar con minutos los tengan en otro destino.

El técnico, Andoni Iraola, no obstante, ya manifestó semanas atrás que su idea es trabajar con «22 o 23» jugadores, no llegar al tope porque no es un procedimiento habitual en una entidad del perfil de la rojilla y porque, además, siempre es mejor dejar alguna vacante con vistas al futuro. De tal manera que un lateral derecho, un centrocampista, que responda principalmente al requerimiento de pivote, y un delantero son los puestos que faltan por cubrir y que tanto desde la dirección deportiva como desde el cuerpo técnico se consideran necesarios para completar el grupo. De hecho, no existe para recibir al Cádiz un defensa por la derecha, nato, ante la baja de Carlos Julio, el único inquilino para esa demarcación.

Y es que si algo se tiene claro en el club, asumido por todos los que llegan, es que en el ámbito económico nunca se van a contemplar diferencias «importantes» entre los jugadores. Todos permanecen poco más o menos en la misma horquilla salarial. De esta forma, no hay distancias entre unos y otros y sí igualdad en el vestuario, en una medida que, además, conlleva que todos tiren del equipo en los momentos buenos y, sobre todo, en los malos. «Queremos hombres más que nombres», repite cuando tiene oportunidad el director deportivo, Chema Aragón.

IPC al alza

Así, el convenio colectivo que afecta a los futbolistas de Segunda y que esta campaña expira tras cumplir las cuatro por las que se firmó contemplaba que el salario mínimo era de 77.500 euros (en 2016), a lo que hay que añadir la variación anual al alza del IPC. Si es negativo, no se recoge. Por lo tanto, en la cuarta anualidad, el ejercicio que acaba de arrancar y que terminará en 2020, que es cuando se tendrá que negociar y aprobar otro acuerdo, el salario mínimo llega a los 81.000 euros.

Este sueldo mínimo incluye dos pagas extra, pluses por permanencia, primas por partidos, derechos de imagen y 12 pagas mensuales que no podrán ser inferiores a 4.000 euros en Segunda División, tal y como se implantó en 2016, periodo que todavía sigue vigente, solo hasta la presente temporada.

270.000 euros a partir del cuarto cedido

Es una norma que viene impuesta por la Liga y a la que tienen que prestar especial atención los clubes, principalmente los que acostumbran a tirar de cesiones de jugadores jóvenes, con proyección y hambre de triunfar en el mundo del fútbol. Parámetros que sigue el Mirandés, una entidad modesta que no puede (tampoco quiere) realizar grandes dispendios en el apartado de fichajes. El club rojillo tiene cinco cedidos actualmente (Matheus, Guridi, Merquelanz, Íñigo Vicente y Enric Franquesa); por cada uno la patronal estipula un mínimo salarial que a partir del cuarto en recalar es de 270.000 euros por todo el que vaya llegando. Es de obligado cumplimiento.

De ahí que desde la entidad rojillo se esté apurando al máximo en el capítulo de incorporaciones. Uno de los nombres que más ha sonado este verano es el de Asier Villalibre. El futbolista perteneciente al Athletic es uno por los que ha preguntado el Mirandés, pero hay que tener en cuenta las variables en torno a una posible cesión: el límite salarial del club (no se ha hecho público, pero es evidente que no es el de otros equipos de la categoría), el sueldo del delantero y las condiciones que marca la entidad bilbaína acerca de los partidos y minutos que deben jugar los futbolistas que son cedidos a otros destinos. Si no se cumple el mínimo, el destinatario debe pagar más. Por contrato.

Son condicionantes que frenan la operación, máxime cuando el deseo del club de Francisco Cantera es procurar la igualdad salarial (con escasas diferencias entre ellos). Por todo ello, es impensable la llegada de algunos nombres que han sonado este verano en las redes sociales como futuribles para el equipo de Anduva. Lo que piden es tres o cuatro veces lo que da el Mirandés. Se sale del canon establecido.