Hassan buscó en todas las acciones desbordar por la banda, pero estuvo muy poco acertado. / Fotos: prensa2

El Mirandés choca contra un muro

Los rojillos no saltaron con la mentalidad que requiere un derbi en la primera mitad, pero tras el paso por los vestuarios, fueron muy superiores a un Burgos que se encerró en su área. Faltó acierto en el remate y una pizca de suerte

RAÚL CANALES

El derbi no se lo llevó el mejor ni el que más méritos hizo, sino el que más se lo creyó. Y es que el Burgos saltó al campo mentalizado para disputar este tipo de partido mientras que el Mirandés lo afrontó como uno más. Para cuando los rojillos se dieron cuenta de que estos duelos se ganan con fútbol, pero también con corazón, fue tarde. Además, les faltó la pizca de suerte necesaria.-

El Mirandés demostró tener muchos más recursos futbolísticos que los locales, pero estuvo demasiado timorato en la primera mitad ante un oponente que compensó su menor calidad técnica a base de intensidad. El conjunto de Lolo Escobar fue muy superior en la segunda mitad y dispuso de ocasiones suficientes para empatar, pero no pudo romper el muro de un rival que, tras ponerse en ventaja en el marcador, no tuvo reparos en encerrarse en su campo para practicar una defensa numantina.

1 Burgos C.F.

Alfonso Herrero; Matos, Zabaco, Grego, Álvaro Rodríguez; Andy (Córdoba, min. 78), Elgezabal, Miki Muñoz (Riki, min. 78); Juanma (Saúl, min. 69), Alex Alegría (Guillermo, min. 69) y Pablo Valcarce (Raúl Navarro, min. 58).

0 Mirandés

Lizoain; Letic, Capellini, Arroyo, Carreira; Oriol Rey, Gelabert (Riquelme, min. 69), Meseguer (Álex López, min. 85); Iñigo Vicente (Brugui, min. 78), Camello (Marqués, min. 69) y Hassan (Simón Moreno, min. 46).

  • Goles 1-0, m. 43: Grego, de cabeza.

  • Árbitro Trujillo Suárez (comité tinerfeño). Amonestó con tarjeta amarilla al local Álvaro Rodríguez y al visitante Gelabert.

  • Incidencias 8.600 espectadores en las gradas del Plantío con cerca de 400 rojillos en el Fondo Norte.

  • Los detalles La propia afición local recriminó a los seguidores más exaltados algunos cánticos contra el Mirandés en el primer derbi provincial en Segunda, que se desarrolló sin incidentes.

La derrota en el derbi ahonda en la sensación de que la irregularidad es el principal problema de este Mirandés. El Plantío también vio a un equipo con dos caras, quizá menos marcadas que en anteriores citas, pero la realidad es que los rojillos solo se soltaron y sacaron a relucir todo su potencial cuando ya estaban por debajo en el electrónico.

1. Gelabert fue una de las novedades en el once rojillo. 2. Capellini asiste a Matos, que acabó el duelo acalambrado.

La única forma de que el Burgos pudiera llevarse el triunfo era a balón parado. El míster rojillo había advertido sobre el peligro de cometer faltas innecesarias, pero sus jugadores pecaron de ingenuos en algunas acciones. Así, cada mínima oportunidad de colgar un balón al área era jaleada por la afición local, consciente de que su equipo saca petróleo de ese tipo de acciones. Precisamente de esa manera llegó el gol de Grego al filo del descanso.

No hubo sorpresas en las propuestas futbolísticas de los dos equipos, ya que el Burgos dejó la iniciativa al Mirandés y a Calero no le tembló el pulso para plantar durante muchos minutos una línea defensiva de cinco futbolistas. Los rojillos tuvieron la pelota, pero les faltó profundidad ante un rival que tenía muy clara su idea y que encontró el premio justo antes de enfilar el túnel de vestuarios tras una primera mitad típica de derbi, con más intensidad que juego.

Simón

El atacante revolucionó otra vez el partido saltando desde el banquillo; el larguero le privó del gol

Meseguer

El centrocampista tuvo que ser sustituido en la recta final por un fuerte golpe en la rodilla

Tras la charla de los técnicos, el partido cambió. El Mirandés continuó teniendo la pelota, pero en la segunda mitad sí que supo qué hacer con ella. El ingreso de Simón revolucionó el duelo y el punta estuvo cerca de convertirse otra vez en héroe, igual que en Tenerife. Concretamente unos centímetros le privaron de la gloria, porque su remate a la media vuelta con la izquierda se estrelló en el larguero cuando podía haber sido el gol de la jornada en Segunda.

Escobar decidió retirar también a Camello y poner en su lugar a Marqués, una referencia de área que fijara a la defensa. Además movió piezas para tener superioridad por dentro en el centro del campo y dejar las bandas libres para las subidas de Carreira y Letic. Los dos laterales fueron casi extremos y una fuente constante de peligro, pero sus innumerables centros al área no encontraron el premio del gol.

En parte por mérito del Mirandés, que firmó un notable segundo tiempo, y en parte porque la indicación de Calero fue dar un paso atrás, lo cierto es que el Burgos apenas salió de su área en toda la segunda mitad. Los locales no solo renunciaron al balón sino que también lo hicieron a la posibilidad de salir al contragolpe. Su estrategia fue acumular jugadores para proteger a Herrero y esperar a que el tiempo pasara, un planteamiento arriesgado que sin embargo, por esa licencia que otorgan los derbis cuando el resultado acompaña, fue bien recibido por sus seguidores.

Parecía cuestión de tiempo que el Mirandés encontrara el camino del empate, pero los minutos se iban escapando sin que llegara el merecido gol. Y eso que los de Escobar lo buscaron de todas las maneras posibles. Pero chocaron contra un muro infranqueable.

La lesión de Meseguer, que a esas alturas ya se había adueñado de la parcela central, privó al Mirandés de su timón en la recta final. Pero aún así el guión apenas cambió. Los Riquelme, Brugué, Marqués o Simón se las ingeniaron para meter en aprietos a una defensa que se conformaba con achicar agua como podía y que celebró el pitido final como si hubiera ganado una gran batalla.

Y es que anímicamente, para el Burgos el partido de ayer supone un impulso de cara a las próximas jornadas ya que abandona los puestos de descenso. En el caso del Mirandés, las dos derrotas consecutivas obligan a reaccionar justo en el momento en el que el calendario entra en una fase dura, con rivales como Eibar, Almería o Girona asomando en el horizonte.