Los jugadores del Mirandés realizan la haka al acabar un partido en Anduva. / Avelino Gómez

Algo más en juego que tres puntos

Mirandés y Burgos se ven las caras en El Plantío tras cuatro temporadas. El derbi siempre tiene un plus emocional

RAÚL CANALES

Han pasado cuatro años desde que Burgos y Mirandés se vieron las caras por última vez. Ambos jugaban entonces en Segunda B, por lo que en el ambiente se palpan las ganas de vivir un derbi en el fútbol profesional.

Aunque El Plantío no se le da especialmente bien a los rojillos (solo han ganado en una de sus visitas), la historia reciente de los dos clubes ha invertido los roles, ya que hace varias temporadas que los de Anduva disfrutan de su época dorada mientras que Burgos llevaba dos décadas sin pisar la división de plata. Por eso da la sensación de que el duelo ha generado más expectación en la capital que a orillas del Ebro. La clasificación actual y el hecho de ejercer de local, también refuerzan esa idea.

Pero en este tipo de partidos no importan las estadísticas ni las trayectorias previas. Son encuentros impredecibles en los que no solo influye el factor deportivo, sino que entran en juego otros aspectos que pueden decidir el resultado.

Por calidad técnica, el Mirandés es superior a su rival, pero el Burgos tiene más experiencia. Julián Calero cuenta en su plantilla con jugadores que ya han disputado encuentros de máxima rivalidad en infinidad de ocasiones a lo largo de su carrera y que saben manejar la presión. El descaro propio de la juventud contra el oficio que otorga la veteranía.

En lo futbolístico, también se verán dos estilos diferentes, ya que los visitantes suelen plantear encuentros alegres mientras que los locales se sienten más cómodos en partidos tácticos y trabados, precisamente el estilo que se le suele atragantar a los de Lolo Escobar.

Para esta cita, el técnico rojillo ha escondido al máximo sus cartas. Las dos últimas sesiones de trabajo han sido a puerta cerrada y no ha dado muchas pistas sobre el estado físico de los futbolistas que llegan tocados, ya que de su recuperación dependerá en gran medida el plan que finalmente ponga en liza. Durante la semana, el extremeño ha trabajado con diferentes alternativas.

La principal duda está en el lateral izquierdo ya que Imanol García de Albéniz no parece que vaya a llegar a tiempo. Su recambio natural es Letic, pero el futbolista bosnio apenas ha tenido participación en las primeras jornadas por lo que todo apunta a que Escobar cambiará de banda a Iago López e incluso a Anderson Arroyo.

En el centro del campo, el míster recupera a Gelabert y Riquelme. El exfutbolista del Real Madrid llega demasiado justo porque ha superado un problema gástrico pero no está en plenitud de condiciones, pero Riquelme sí que podría entrar en el once. Después de cumplir con la cuarentena obligada por el coronavirus, el extremo ya ha entrenado con normalidad junto a sus compañeros y su vuelta otorga a Escobar más variantes en las bandas al ser un jugador vertical, con muchas virtudes ofensivas, pero que también se sacrifica a la hora de defender, cualidad importante en un encuentro en el que en muchos tramos tocará apretar los dientes.

La última derrota en casa también invita a plantear rotaciones en el centro del campo. Meseguer recuperaría su posición como pivote y el técnico tratará de reforzar esa parcela para contrarrestar el poderío físico del Burgos.

En el conjunto de la capital, Calero ha estado toda la semana pendiente de Juanma. El atacante arrastra molestias aunque todo apunta a que será titular, algo que no podrá hacer Fran García ya que el lateral es baja por lesión.

La posición en la tabla da al Mirandés más margen de error ya que el Burgos actualmente ocupa puestos de descenso aunque solo cuatro puntos separan a ambos clubes. Un triunfo en el derbi supondrá una inyección anímica de cara al futuro.