Sin intensidad peligran las victorias

El trabajo del grupo no puede desmoronarse por la falta de concentración principalmente cuando el resultado es a favor. /A. G.
El trabajo del grupo no puede desmoronarse por la falta de concentración principalmente cuando el resultado es a favor. / A. G.

Erradicar la falta de tensión en momentos puntuales es un aprendizaje que el Mirandés interioriza ante el tramo decisivo

ÁNGEL GARRAZA

Cuatro victorias y un empate es la cosecha del Mirandés en las cinco últimas jornadas del campeonato. Trece puntos de 15 posibles es el bagaje más reciente de un equipo que va creciendo, asimismo, en los diferentes aspectos del juego y acaparando y asimilando conceptos para afrontar el tramo final y el 'play off' de ascenso que, salvo catástrofe, jugará desde el último fin de semana del mes de mayo. Un periodo decisivo, los doce duelos que restan de liga y después, las eliminatorias que deberá encarar con la lección bien aprendida para no repetir la falta de intensidad que se ha detectado en momentos puntuales de algunos partidos y que le ha costado puntos o ha estado a punto de traducirse en un serio disgusto después de tener encarrilados los choques.

Calidad hay. Superior a la de la plantilla del ejercicio pasado. No obstante, el equipo es joven en su conjunto y por tal motivo, como argumenta el propio Borja Jiménez, eso te reporta alegrías y «algún pequeño susto», debido quizás a su inexperiencia. La falta de tensión individual y colectiva en determinados instantes, principalmente con el resultado a favor y cuando se ve el partido ya ganado (al principio de liga ocurría al inicio, cuando le costaba entrar más a los encuentros) es un error que el conjunto rojillo debe paliar para intentar alcanzar los éxitos deseados.

La última referencia es reciente: el partido del pasado fin de semana. El Mirandés se fue al descanso con 2-0 a favor en Anduva ante el Calahorra. A los cinco minutos de reanudarse la contienda los visitantes se quedaban con diez jugadores, así que todo hacía indicar que el choque podía estar finiquitado. Pero no sucedió eso.

El Mirandés falló, a continuación, claras ocasiones de gol por excesiva relajación –lo es que solo ante el portero le pase el balón por debajo del pie a un jugador–, lo que impidió poner ya imposible la remontada a los riojanos. De forma inconsciente, todos dieron el partido por ganado (dominaban, el rival ya no presionaba y salió a relucir la diferencia de calidad entre uno y otro conjunto) y así es como llegó un penalti en contra innecesario, una acción que en un 'play off' te puede mandar para casa y echar al traste el trabajo de toda la temporada (ejemplos similares hay de sobra en la historia rojilla de las fases de ascenso). Fue el 2-1 y el árbitro anuló por fuera de juego el segundo de los calagurritanos, lo que habría cambiado de forma sustancial el panorama.

«Si tuviéramos más acierto de cara a gol iríamos primeros», comenta Yanis. No le falta razón. Recuerda, de forma implícita, todo lo que se ha fallado (las clarísimas oportunidades de los primeros encuentros de liga en Miranda), la que se marró en Barakaldo casi en el último minuto, las del sábado...

Por falta de intensidad, una circunstancia que también provocó que se escaparan dos puntos en Lasesarre y los tres en El Sardinero, partidos que perfectamente podía haber ganado el Mirandés y que por fallos puntuales sirvieron solo para sumar un punto de los seis ante el líder y el cuarto clasificado. El aprendizaje y la experiencia son válidos para interiorizar que es necesario emplearse los 90 minutos a tope de tensión para alcanzar el objetivo.

«Si no es así, en Segunda B se iguala todo porque tampoco hay tantas diferencias», matiza Jiménez. Se aprecian más cuando el desgaste es mayor y el adversario ya no va a la presión con el mismo rigor que al inicio del partido; ahí es cuando la calidad inclina la balanza a favor, en este sentido, del Mirandés en la mayoría de los duelos.

Una escuadra que desde Santander ha contabilizado nueve goles a favor y solo dos en contra. Únicamente le han marcado el Barakaldo y el Calahorra y fue en dos acciones evitables, en sendos fallos de los rojillos que, al mismo tiempo, acumulan datos y registros muy positivos en muchos apartados.

Como el que revela que es junto al Racing el único que ha conseguido algún tanto cuando ha ejercido de anfitrión en liga. Siempre anota gol. Este pasado sábado protagonizó su mayor goleada en casa al hacer cuatro dianas.

De ahí que la falta de concentración, puntual, en determinadas fases, quizás por la juventud de gran parte de los futbolistas, no puede ensombrecer el trabajo que se desarrolla durante todo el encuentro ni durante toda una temporada que culminará en el mes de junio si todo transcurre con normalidad.