El Andorra es uno de los rivales que aprovechó los últimos minutos al empatar en el 98. / Avelino Gómez

Los 8 goles al final de cada parte y en momentos claves le restan cinco puntos

La historia se repitió en los últimos partidos ante Andorra y Granada a causa del bajón físico, la endeblez y los fallos de concentración

ÁNGEL GARRAZA

Al margen de decisiones arbitrales que han resultado, cuando menos, de dudosa interpretación, el Mirandés deberá frenar una sangría que se detecta desde los primeros compases de la temporada y que, lejos de erradicarse, se sigue reproduciendo en cada jornada: recibe casi todos los goles en los instantes finales de cada tiempo o en fases claves para el devenir de los partidos. Así ha encajado 8 de los 11 que acumula.

El Granada no estaba cómodo en la primera parte del último partido, principalmente en los 25/30 minutos iniciales. Hasta que se adelantó en el electrónico. ¿Cuándo? En el 44, uno de los fatídicos para los de Etxeberria desde que arrancó la Liga.

Es un lastre para un conjunto tan joven encajar justo antes del descanso. El máximo exponente de este hecho que sufre se produjo en el compromiso anterior cuando el Andorra empató en el 98, en la última acción del encuentro. Fue después de que el colegiado prolongara la contienda 9 minutos, un tiempo que pareció excesivo.

Ese tanto privó al Mirandés de su primer triunfo (con independencia de que los visitantes gozaran antes de ocasiones de gol muy claras) y el del cuadro granadinista le supuso encauzar el encuentro y, al mismo tiempo, le impidió al Mirandés certificar el empate.

El cuadro jabato arranca los duelos de forma notable: presiona al rival, intenta un juego ofensivo, disfruta incluso de ocasiones en algunos encuentros, pero cuando enfila la recta final del primer periodo la historia se repite: gol del adversario.

Hay bajón físico – apenas se ha hecho pretemporada en conjunto, aunque algunos futbolistas sí que la han realizado con sus equipos de origen– y, como consecuencia de todo ello, los adversarios llegan con más facilidad a los dominios del portero y sale a relucir la endeblez defensiva, así como los fallos de concentración.

Es algo que se reproduce tanto en el primer tiempo como al final del encuentro. Ejemplos hay de sobra. Seis de los once tantos recibidos llegaron en esos minutos. Además, se contabiliza otro al principio de la segunda parte (Rubén Castro para el Málaga) y uno más cuando los rojillos, en ese duelo, se pusieron 1-2. A los dos minutos, los malacitanos hicieron el tercero.

El Mirandés se quedó con dos puntos menos ante el Andorra; sin empate contra el Granada y cayó en Anduva contra el bloque andaluz y en Mendizorroza frente al Alavés a causa de esos goles recibidos en los tramos finales y en instantes decisivos. Son cinco puntos menos. Demasiados, tantos que podía estar, incluso, fuera del descenso.