Frenar la sangría defensiva es el reto

El Alcorcón logró el empate en el minuto 94 tras un pase de Paris, exrojillo que levantó los brazos tras ver cómo entraba el balón en la portería de Limones. /A. G.
El Alcorcón logró el empate en el minuto 94 tras un pase de Paris, exrojillo que levantó los brazos tras ver cómo entraba el balón en la portería de Limones. / A. G.

El Mirandés es el equipo más goleado de Segunda División con 14 tantos encajados, seis por encima de la media que presenta la categoría

ÁNGEL GARRAZA

Es el principal déficit detectado, en líneas generales, en el Mirandés tras las primeras siete jornadas disputadas. Las sensaciones y, sobre todo, los números no engañan. Los 14 goles encajados hasta la fecha en los encuentros de carácter oficial hacen que los rojillos sean los más goleados de la categoría.

Han recibido un tanto más que su próximo rival, el Deportivo de La Coruña y que el colista Oviedo, que son los que le siguen en este capítulo. A más distancia se sitúan el Alcorcón y el Tenerife, con diez cada uno y el resto, no pasa de nueve. El cuerpo técnico es consciente de que para que el conjunto mirandesista progrese en su andadura en la división de plata es necesario frenar la sangría en la faceta defensiva del colectivo, que la sufre desde que arrancó la competición.

Dejar la portería a cero es el reto. Los equipos, prácticamente todos, se arman desde la retaguardia, lo que resulta más necesario todavía en un bloque de las características que reúne el rojillo, que no dispone en sus filas de consumados goleadores, inalcanzables para la economía de un club modesto en la LFP como lo es el Mirandés.

De ahí que la evolución en el apartado defensivo se antoja primordial para transitar por la Liga de Fútbol Profesional. Los de Iraola acumulan dos goles en contra de media por duelo disputado. El promedio global de tantos recibidos hasta la fecha por los equipos de Segunda es de 8, pero el del Mirandés alcanza los 14.

Es muy superior a la media de la categoría. Ahí radica el problema tras el primer mes largo de competición porque es lo que ha provocado que se ubique, a día de hoy, en los puestos de descenso, los que conducen a Segunda División B.

A las cuatro dianas en Santander, hay que sumar los dos goles encajados en los desplazamientos a Soria (2-0, frente al Numancia) y Vallecas (2-2 contra el Rayo Vallecano en el debut). A estos, se añaden los otros dos encajados en cada uno de los encuentros contra el Cádiz y el Alcorcón y el que marcaron el Málaga y el Oviedo en Anduva.

Nunca se ha quedado sin recibir gol. Es la rémora que se arrastra desde el principio de temporada y que le ha impedido sumar más puntos.

La percepción que existe en la grada es que al adversario le hace falta muy poco para hacer daño (los partidos ante el Oviedo, Cádiz y el último contra el Alcorcón, en el que se mejoró en esa tarea pero, a pesar de ello, se encajó dos goles, son solo algunos ejemplos).

Es fundamental no encajar como así se comprueba cuando se echa un vistazo a la clasificación. Los clasificados en la parte alta son los que menos reciben. Parece una verdad de perogrullo, si bien el análisis refleja que no se tiene tanto en cuanta el capítulo realizador sino el defensivo. Es el que, realmente, da los resultados positivos.

El líder es el Almería. ¿Cuántos goles ha recibido? Solo tres. El tercero en la tabla es el Zaragoza, con solo dos encajados en más de 630 minutos y quinto es el sorprendente Fuenlabrada, otro recién ascendido que ha logrado tantos goles a favor como el Mirandés (8), pero la diferencia entre la posición y la puntuación de uno y otro equipo estriba en que a los madrileños solo les han hecho cinco goles: 9 menos que a los rojillos.

O el Huesca, también situado en posiciones de 'play off' de ascenso a Primera División con solo media docena de dianas anotadas (menos que las obtenidas por los de Iraola), aunque solo ha tenido que retirar el balón del fondo de su portería en cuatro ocasiones. Diez veces menos en el mismo número de partidos.

Es cuestión de todo el bloque, no de una sola línea. «La culpa no solo es de los centrales», dijo hace unos días el técnico cuando quiso eximir de parte de culpa a los defensas a la hora de sacar la pelota jugada para explicar los fallos que se cometen en los pases desde la primera línea. Han costado varios goles en contra.

Otros compañeros deben ayudar en esta tarea, al igual que los delanteros para que el adversario no saque con limpieza el cuero desde atrás o los medios para recuperar balones con el propósito de que los jugadores contrarios no lleguen tan fácil a los dominios de Limones o de Joao Costa, que fue el guardameta en El Sardinero.

La Segunda División no perdona y así se está ratificando. Perdonar arriba y conceder regalos atrás es condenarse a un resultado menos positivo del que se espera.

Los goles encajados a balón parado (cuatro desde el punto de penalti) o después de que el oponente saque una falta o un saque de esquina son una constante en un bloque que mejoró la intensidad en su última cita en Anduva –donde mereció sumar los tres puntos– pero al que le falta aún dotarse de más contundencia para abortar los acercamientos del rival.

Los 14 tantos encajados y el hecho de que siempre reciba alguno, dos de media en concreto, así lo demuestran. Conseguir un once inicial más estable y, principalmente, un resultado positivo, a buen seguro que otorgará mucha más confianza al colectivo. La siguiente cita para lograrlo será en un escenario siempre relevante como es Riazor.