La fiesta se repitió hasta en el agua

Tan expectantes como la afición estaban los jugadores a la hora de salir al balcón, tuvieron tiempo hasta de posar./ A. G.
Tan expectantes como la afición estaban los jugadores a la hora de salir al balcón, tuvieron tiempo hasta de posar. / A. G.

Al igual que en el primer ascenso, una fuerte tormenta y centenares de rojillos recibieron al autobús del Mirandés

ÁNGEL GARRAZA

El mismo rival en la final, el partido de vuelta en Mallorca y, por si no fueran pocas las coincidencias, una fuerte tormenta recibió al autobús del Mirandés, que a eso de las 20.30 horas hacía acto de presencia en Anduva. Al igual que en 2012. Los rojillos pasaron de soportar 35 grados de temperatura y un sol de justicia tan solo unas horas antes a ser recibidos con agua, truenos, rayos y con 15 grados menos que en Palma.

Centenares de aficionados mirandesistas se agolparon en las proximidades de los vestuarios, donde tras diez minutos, plantilla, cuerpo técnico, presidente y personal del club se cambiaron a un autobús que, finalmente, fue descapotable y que apareció con las banderas de dos peñas del Mirandés: Komando Kemando y Jóvenes Jabatos, además de la leyenda 'Somos de Segunda', repetida en varias partes del vehículo.

Una colección de fuegos artificiales recibió en la explanada del aparcamiento de Anduva la llegada del plantel que un día antes obtuvo el ascenso a Segunda. Un equipo que se iba entonando a medida que se subió al autocar y que recibió los aplausos de los aficionados congregados que aguantaban estoicamente el agua.

Veinte minutos después, partió el vehículo –el presidente y el director general ocupando las primeras posiciones y el resto detrás, preparados para celebrarlo con la hinchada– con dirección a la carretera del Penbu, seguido por una extensa comitiva de Policía Local, varias dotaciones de Policía Nacional –sorprendió que hubiese tantos policías, también a los futbolistas–, Cruz Roja y Protección Civil. Por delante, una moto abría camino con la bandera del Mirandés colgada por detrás.

La comitiva transcurrió con normalidad hasta que llegó al puente Carlos III. Allí fue cuando se produjo el acto más vistoso porque el autobús fue flanqueado por seguidores que a ambos lados de la calzada portaban banderas, bengalas y botes de humo. Muchos más abrían paso al autocar al ritmo de las canciones que se han convertido ya en rituales en Anduva. Cantadas y bailadas por los más jóvenes.

Fue el momento de mayor conexión entre la afición y la plantilla, con el capitán Gorka Kijera subido a lo más alto para ejercer de maestro de ceremonias. El paso, ahora sí, era mucho más lento porque los seguidores que abrían la comitiva se lo estaban pasando en grande.

La sorpresa fue la presencia en este recibimiento de un jugador que se lesionó de gravedad ante el Recreativo: Hugo Rama. No se lo esperaban. Estuvo a punto de viajar a Palma, pero a causa de su situación física lo más recomendable fue que no realizara el desplazamiento. Ocho meses de baja y, a pesar de todo, ayer viajó a Miranda para estar presente en estos actos junto a su familia. Algunos de sus miembros vestían la camiseta del jugador. Eran inconfundibles por su acento gallego.

Así que no fue de extrañar que al son de 'Bella Chao', se escuchara en el trayecto del vehículo la canción dedicada al futbolista: 'Es Hugo Rama, Leo Messi...'

En este punto, se sumaron muchos más seguidores, quienes móvil en mano aprovechaban para inmortalizar el acto. Una vez llegaron a la Plaza de España, los jugadores fueron entrando de uno en uno a la Casa Consistorial mientras sus nombres eran anunciados por megafonía.