A Rementeria le quedan dos años de contrato, pero deberá ganarse el puesto tras salir cedido a Primera RFEF. / A. Gómez

La dificultad de fichar jugadores en propiedad para generar recursos y crecer

El Mirandés dispone de escasos efectivos con contratos largos y no es un club vendedor, que es como podría hacer caja, lo que frena su evolución

ÁNGEL GARRAZA

Son habas contadas. El Mirandés vuelve a tirar de jóvenes jugadores, de calidad, en la modalidad de cesión. A falta de que llegue el grueso de incorporaciones, las 13 que, al menos, restan para completar la plantilla hasta el mercado de invierno, todo apunta a que el préstamo de futbolistas volverá a ser el recurso más utilizado este verano. Ha dado resultado estas temporadas, con la presencia de futbolistas de talento, pero también es cierto que al no poder vender, esa nula hasta ahora capacidad de traspasar jugadores impide la progresión de un club que se encamina hacia su novena campaña en Segunda División en poco más de diez años.

Está abocado a repetir la historia. Entre otras razones porque el ingreso por abonados suele girar en torno al 8%. En parte, debido a que está radicado en una de las ciudades con menos población del fútbol profesional y, asimismo, rodeado de capitales con equipos en la misma categoría o superior y de otras poblaciones donde no existe el arraigo que sí hay en una localidad donde se vive tanto el Mirandés.

La cantidad que se recibe por televisión es la principal fuente de financiación de todos los clubes. Pero a muchos de ellos les llegan cuantías más jugosas, al mismo tiempo que disponen de masas sociales más numerosas al estar ubicados en capitales de provincia. Las entidades, además, se las ingenian para generar recursos y, por si todo esto no fuera suficiente, captan cuantiosas ayudas de las administraciones.

Muy poco de eso ocurre en un Mirandés que, al mismo tiempo, se encuentra con otro problema: que no es vendedor. Salvo el ya lejano traspaso de Lago Junior al Mallorca, que tuvo lugar en el mes de enero de 2016 previo pago por parte del club insular de 240.000 euros, el importe de su cláusula de rescisión, no se contabilizan más ejemplos.

Otras entidades aprovechan esta circunstancia para hacer caja. Venden jugadores que son reclamados por otros clubes –con objetivos más ambiciosos la mayoría de las veces– con el propósito de aumentar sus límites salariales. En definitiva, para continuar creciendo y no quedarse estancado.

Tampoco se aprovechan en la sede de Francisco Cantera de ello. Hay escasos futbolistas con contratos de larga duración y salvo con Víctor Meseguer, quien sí ha destacado, tampoco ha tenido excesiva fortuna a la hora de fichar efectivos. No ha atinado.

El mediocentro murciano es el que mejor ha respondido. Prueba de ello es que hay clubes que han preguntado por él y se han interesado por su situación. Y que lo siguen haciendo. Otra cosa es que se haya materializado en ofertas concretas, con dinero encima de la mesa para hacerse con el futbolista, del Mirandés hasta junio de 2023.

El club se ha remitido, como es lógico, a su cláusula. Si además de no ser vendedor, porque no puede, con el único efectivo que puede ingresar una cantidad apreciable no lo hace, se estaría condenando todavía más.

Rementeria es el único que, a día de hoy, tiene contrato hasta 2024, pero desde enero estuvo cedido en el Bilbao Athletic.