Rementería y Hassan intentan rematar ante el Huesca, con Meseguer tendido en el suelo. / avelino gómez

760 días sin caer a puestos de descenso

La última vez que el Mirandés durmió una jornada en la zona roja fue con Andoni Iraola en el banquillo de Anduva

RAÚL CANALES

El Mirandés no atraviesa su mejor momento, aunque es más una cuestión de sensaciones que de clasificación. Y es que a pesar de que el equipo de Lolo Escobar no convence, sigue fuera de los puestos de descenso y ni siquiera ha dormido una sola jornada en la zona roja.

El buen comienzo de temporada, que hizo a la afición ilusionarse, le permitió obtener un mínimo colchón de puntos que ha ido dosificando a pesar de su irregularidad. El empate en Fuenlabrada le ha permitido salvar los muebles una semana más aunque está al borde del abismo.

Para la afición mirandesista, ocupar plaza de descenso es una sensación ya casi olvidada. Han pasado 760 días desde la última vez que los rojillos eran uno de los cuatro peores equipos de la categoría, concretamente desde la décima jornada de la temporada 2019-20, con Andoni Iraola en el banquillo.

Al técnico vasco le costó dar con la tecla y el primer tramo de competición llegó a estar incluso cuestionado porque los resultados no llegaban. Tras una pésima racha de resultados y derrotas, el Mirandés cayó los últimos lugares de la clasificación, pero un triunfo ante el Fuenlabrada en Anduva cambió la historia. A partir de ese partido, disputado un 13 de octubre, los rojillos cogieron impulso y su trayectoria fue imparable, hasta completar una de las mejores campañas en la historia del club.

Con José Alberto como entrenador, el Mirandés nunca vio el descenso ni de cerca. El asturiano firmó un notable arranque de liga y aunque en el comienzo de la segunda vuelta el equipo se desinfló un poco, nunca llegó a peligrar su cómoda posición en la tabla. Durante gran parte del año se mantuvo entre los diez primeros puestos y solo en la recta final perdió un poco de fuelle, cuando ya no se jugaba nada.

Esta temporada la dirección deportiva ha tenido que diseñar otra vez un proyecto totalmente nuevo, con muchos jugadores jóvenes que de momento no han mostrado su mejor versión y con un técnico debutante en la categoría. Tras el espejismo de las primeras jornadas, ahora parece que al Mirandés le tocará sufrir para mantener la categoría aunque todavía queda más de la mitad de la competición por delante y la tabla puede deparar muchos cambios. El propio Lolo Escobar citaba hace unos días al Zaragoza como ejemplo, ya que los maños han pasado en apenas un par de semanas de estar en puestos de descenso a merodear el play off.

El objetivo del Mirandés es la permanencia y consolidarse en el fútbol profesional. Con la media de puntos actual, llegaría muy justo a final de temporada (sumaría 47 unidades) aunque Escobar confía en que el equipo irá a más con el paso de las jornadas. En alguna ocasión, el míster ha asegurado que los rojillos pueden ser una de las revelaciones de la segunda vuelta, a medida que la plantilla se asiente en la división de plata y algunos futbolistas crezcan a nivel personal.

Para poder trabajar con tranquilidad es importante mantenerse fuera de los puestos de descenso, ya que verse en la zona baja añadiría presión a un vestuario inexperto. También para la afición caer a los últimos lugares supondría un mazazo porque hace mucho que por Anduva no se respira esa sensación e incrementaría el clima de nerviosismo que ya se respira en un sector de la grada tras los resultados de las últimas jornadas.

Grandes en apuros

A la hora de analizar la actualidad del Mirandés, hay que tener en cuenta que a pesar de las dudas que genera el equipo, hay clubes históricos y con mucho más potencial económico que también lo están pasando mal. Es el caso de Leganés, Huesca o Girona, que partían en todas las quinielas como favoritos al ascenso y de momento están luchando por salir del pozo.

Tampoco el Fuenlabrada, el rival al que se enfrentó el Mirandés el viernes, sabía lo que era estar en descenso porque en sus tres años en el fútbol profesional nunca había estado en esa posición. Es el caso opuesto al Alcorcón, que la pasada temporada ya fue colista durante gran parte de la misma y finalmente se acabó salvando. Por su parte, Amorebieta, Burgos y Real Sociedad B son recién ascendidos que está pagando cara la novatada y que saben que tendrán que luchar hasta el final si quieren mantenerse en el fútbol profesional porque Segunda división es una categoría cada vez más reñida y con un nivel más alto.