Salinas sujetó a los delanteros rivales y marcó el gol que adelantaba a los rojillos. / Avelino Gómez

La crueldad se queda en Anduva

Los rojillos pierden otros dos puntos en la última jugada del partido tras ser superior a su rival y no sentenciar

ÁNGEL GARRAZA

La crueldad acompaña esta temporada al Mirandés. Otra vez volvió a encajar un gol en la última acción del encuentro, lo que le privó de conseguir la segunda victoria del curso. Ya son muchos, demasiados, los partidos en los que sufre un infortunio más cercano a un fenómeno paranormal que a lo que acontece en un campo de fútbol. Lo hizo casi todo bien y dispuso de numerosas ocasiones de gol para haber ganado con claridad. Perdonó en exceso y lo pagó. El Huesca hizo su tanto en el minuto 93. De nuevo, la falta de concentración y contundencia en la última jugada, en esta ocasión un córner mal defendido (con tres centrales y los veteranos sobre el césped) condenan a un equipo que sigue colista.

Es demasiado castigo, tanto que con los puntos que se han escapado justo antes de que el árbitro señale el final de la contienda el equipo de Etxeberria podría estar incluso fuera del descenso. La hinchada se retiró con visibles muestras de desesperación porque ayer, el conjunto de Anduva, mereció el triunfo.

Fue mejor que el contrario. Se empleó con intensidad, ganó muchos duelos, hubo fases de buen juego, minimizó a su adversario, generó numerosas oportunidades ante el marco contrario, muchos de sus futbolistas ofrecieron un nivel notable... Pero todo eso sigue sin dar para sumar los tres puntos. También conviene realizar una reflexión: ¿Por qué ocurre tantas veces?

Hubo una novedad significativa: el debut de Barbu con el Mirandés en competición oficial. No había disputado un solo minuto y jugó de titular, posibilidad que avanzó en la previa este periódico porque era una de las ideas en las que había trabajado el cuerpo técnico. Ese fue el cambio: jugar con tres centrales, junto a Álex Martín y Raúl Navas, con Parra y Salinas de carrileros. Había que frenar la sangría defensiva y «atacar y defender mejor», tal y como expuso el día anterior Joseba Etxeberria. Se ganaba en seguridad atrás para explotar las incursiones de los laterales y poblar, cuando tenía el balón en su poder, el centro del campo. Oriol Rey y Beñat Prados se mantuvieron en la sala de máquinas, con Nico Serrano y Pinchi por delante de ellos y Raúl, en punta.

El Mirandés tenía que ganar. Enchufado, desde el primer instante salió con ímpetu y ganando todos los duelos a los oscenses. Una sucesión de saques de esquina reflejaba que ejercía de dominador.

Beñat avisó con un tiro desde fuera del área y Raúl con un remate de cabeza que atrapó Andrés. Todo ocurría en campo del equipo visitante porque los de Ziganda no atravesaban la línea central.

Los locales tenían controlado el encuentro. Raúl la tuvo hasta en otras tres ocasiones, en apenas dos minutos. Pero cuando se encontraba solo ante el meta, no pudo superarle porque le adivinó la intención. Prácticamente sin tiempo para lamentar la ocasión perdida, chutó desde el borde del área y cuando ya se cantaba gol en las gradas, el cancerbero sacó la mano izquierda para desviar a córner. En la tercera, con el meta batido, su disparo de volea salió desviado.

Faltaba la de Pinchi, que tocó ligeramente un envío: el cuero terminó lamiendo el poste. Era incomprensible que el cuadro de Etxeberria permaneciese sin ver puerta. Había sido muy superior a su rival, generado las ocasiones de gol, algunas muy claras, el contrario no se acercó en todo este periodo, si bien las tablas no se desnivelaron.

Había que insistir en la reanudación, aunque el que entró en la segunda mitad más enchufado fue el Huesca. Lo que no había hecho en más de 45 minutos lo hizo en los dos primeros tras el descanso con sendos tiros de Juan Carlos.

Ziganda ordenó que adelantaran líneas y eso facilitaba las transiciones del Mirandés, que recuperaba pronto la pelota. Los rojillos no sufrían, con los tres centrales seguros atrás y anticipándose a los rivales. A los 59, y tras una falta, el Huesca marcó. Se había señalado fuera de juego; el VAR no lo rectificó.

Los aragoneses habían dado un paso adelante. Ahora, estaba todo más igualado. Seguían llegando, no obstante, las ocasiones del Mirandés. Como cuando tras un robo de Oriol Rey, Beñat lanzó para que se luciera Andrés. O en otra de Raúl, omnipresente, cuajando un sobresaliente partido pero sin suerte esta vez de cara a gol: su duro disparo fue demasiado centrado.

Era ya un duelo de ida y vuelta en el que podía pasar de todo. Cristian Salvador superó a los centrales pero no a Herrero, que impidió que el Mirandés encajara el tanto. El choque se había vuelo loco, lo que no era malo para los jabatos. Se mueven bien con idas y vueltas. Así transcurría todo cuando Raúl se fue del defensa y el centro al segundo palo fue aprovechado para batir con la zurda, de tiro cruzado, al cancerbero.

Había costado, pero el Mirandés se había adelantado, por fin. Lo merecía como merecía no pasar apuros al final. Nico Serrano se internó por la banda derecha, pero lanzó demasiado cruzado y Raúl Parra gozó de una oportunidad muy clara en el área pero el portero, de nuevo, atajó. Etxeberria introdujo a Manu García, el veterano, para aportar experiencia. Después se incorporaron Marcos Paulo y Roberto López para refrescar la zona de tres cuartos de campo. Quedaban diez minutos y había que aguantar o, mejor, sentenciar. Lo hizo Roberto López, pero en fuera de juego.

El resultado era tan exiguo que empezaron a sobrevolar los fantasmas por Anduva. Busquets Ferrer añadió tres minutos. Hubo un córner, que había que defender porque el partido estaba acabado, pero Ratiu, el lateral, completamente solo, cabeceó a la red en el 93.

Anduva se quedó helado. No era para menos. Infortunio, falta de competitividad, otra vez en los instantes finales... El caso es que otros dos puntos que se deja el Mirandés en el camino.