El club reduce la vinculación

Galder Cerrajería, tras beber agua en el ensayo que tuvo lugar el lunes en el campo 2 de los anexos./ A. GÓMEZ
Galder Cerrajería, tras beber agua en el ensayo que tuvo lugar el lunes en el campo 2 de los anexos. / A. GÓMEZ

Cerrajería es el único jugador del Mirandés que tiene dos años de contrato

Ángel Garraza
ÁNGEL GARRAZA

Los once efectivos que tenían contrato en vigor acaban, en principio, su relación con el Mirandés el próximo año; Prieto, que renovó, también lo hizo por una temporada, mientras que los recién llegados: Irazabal, que recala cedido por el Eibar, Álvaro Rey y Carlos Julio formalizaron días atrás su vinculación para una sola campaña. Solo Galder Cerrajería, el centrocampista que se integra en el equipo después de pertenecer al Barakaldo, acaba de firmar un contrato vigente para estas dos próximas anualidades. Es el único de los dieciséis que, a día de hoy componen la plantilla, que tiene más de un año.

Salvo que alguno contemple una cláusula en su contrato en virtud de la cual se garantice su continuidad por un número determinado de partidos jugados a lo largo de la próxima temporada (una circunstancia no especificada en ningún caso) el Mirandés, al menos de momento, parece haber cambiado de política y estrategia después de que en los últimos cursos se rubricasen acuerdos por dos años de duración –y uno de casi cuatro, lo que rompió con la tónica habitual, con Carlos Terrazas, exentrenador y exmanager general de la entidad–.

El modesto hasta entonces club rojillo siempre había sido, antaño, una entidad que firmaba contratos, por regla general, de un año de duración. Salvo excepciones (y muy pocas) de jugadores tales como Iván Agustín o Pablo Infante, entre otros de los más recordados de épocas pretéritas, la vinculación con los miembros de las plantillas era por solo un año, aunque eso no era óbice para que al acabar la campaña se pudiese prorrogar de mutuo acuerdo y de forma paulatina. Pero no era lo normal. El Mirandés no se hipotecaba si el futbolista resultaba un fiasco y se podía desprender de él al concluir la temporada y el jugador, en este caso, se tomaba el paso por el equipo rojillo a modo de trampolín, para progresar en su carrera.

El salto cualitativo dado por el club, sin embargo, derivó también en un cambio de funcionamiento. La incursión en el fútbol profesional y el hecho de tener que hacerse con jugadores para competir en Segunda División conllevó, asimismo, que se ofreciesen varios años –nunca más de dos, a excepción del técnico bilbaíno– de contrato para convencer a futbolistas que sabían que llegaban a un club que no se caracteriza por abonar grandes sumas de dinero con el fin de evitar así disgustos posteriores.

Es una situación que se repitió la temporada anterior, una vez consumado el descenso a Segunda B. El Mirandés ya no era el equipo humilde cuyo propósito pasaba por mantenerse sin más en la división de bronce. Era uno de los gallitos –lo sigue siendo– por el prestigio y nombre alcanzado tras cinco temporadas consecutivas en la LFP y, por idéntico motivo, se situaba entre los más poderosos económicamente como consecuencia de las ayudas al descenso –sin llegar, eso sí, a las cifras que manejaban Mallorca y Elche, entre otros–.

Para retener o incorporar efectivos se ofrecía dos años con el propósito de contrarrestar, de esta manera, ofertas más suculentas de otros clubes a los que parece no importarles tener que efectuar un fuerte desembolso económico a pesar de sus apreturas económicas.

Más de la mitad de la última plantilla, once de los 21 jugadores, firmaron por dos años o renovaron sus contratos durante el curso (Limones, Romero, Cervero y Puerto). Y Prieto lo hizo este verano. Incluso Albistegi, el jugador que se fue al Lleida en el mercado de invierno al no disponer de todos los minutos que él deseaba con Pablo Alfaro, fichó por el Mirandés con una duración de dos temporadas. El resto, los que ahora continúan, acaban su vinculación en 2019. Y el que tiene garantizado dos es Cerrajería, el único de los fichados este verano con esa duración en su contrato.

Solo queda una ficha sénior por cubrir –Andrés del Olmo, actualmente lesionado, ocupa una de las quince– y, como mínimo, tres de efectivos por debajo de los 23 años. De ahí que todo apunta a que en un futuro próximo se producirán salidas de jugadores. Ya lo dejó entrever el entrenador, Borja Jiménez.

La cuestión es si se trata de algún futbolista que quiere aspirar a cotas más altas el próximo curso o de efectivos que, con contrato en vigor, se podrían buscar otro destino porque el actual técnico tiene otras ideas y otros efectivos en mente para alguna demarcación determinada.

Al fin y al cabo, el abulense se ha encontrado con más de media plantilla ya confeccionada. No obstante, el apartado económico vuelve a jugar una baza importante. Sabido es que la filosofía de los responsables del club radica en proceder a realizar un gasto muy sostenido, sin grandes dispendios, del capital existente, así que no se intuye que haya demasiadas salidas forzadas en las que habría que aportar una indemnización económica por ruptura de contrato.

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