El anterior desplazamiento se saldó con victoria del conjunto mirandesista en Ibiza por 0-2. / Prensa 2

Cambios antisangría defensiva

El técnico rojillo anuncia variaciones, no solo de nombres, para mejorar los números que presenta el Mirandés en el capítulo de contención

ÁNGEL GARRAZA

A estas alturas todo el mirandesismo tiene claro que la sangría en materia defensiva, ya preocupante, es lo que lastra la progresión de un equipo tan joven. Así como que no se ciñe a la línea de retaguardia, sino que se extiende a todas las que forman el conjunto. Es el quebradero de cabeza. Es más sangrante en Anduva que a domicilio, donde el Mirandés lleva menos el peso del partido que en casa y los números de goles recibidos son más que aceptables a pesar de que ha habido resultados positivos tras duelos en los que los rivales han tenido suficientes, y muy claras, llegadas. Por todo ello, se anuncian modificaciones para tratar de erradicar el problema.

«Sí que me he planteado realizar alguna modificación en el sistema. No quiero dar más pistas, me quedo ahí. En los números ofensivos estamos entre los mejores de la liga y en los defensivos entre los peores, así que sí que vamos a hacer cosas con el fin de intentar mejorar lo que menos nos sale bien».

Se trataría, en este sentido, de reforzar líneas: la defensa o el centro del campo. Jugar con un sistema de cuatro centrocampistas, en lugar de los tres más habituales, con dos pivotes o incluso tirar de una defensa de cinco con tres centrales y dos carrileros para aprovechar la proyección que tienen los defensas por las bandas al estar más acostumbrados a atacar que a defender.

Las opciones son variadas, pero desde el cuerpo técnico nada más se avanza. Solo que habrá variaciones para contener las numerosas llegadas que protagonizan los adversarios. Se acercan muy fácil a la portería de Lizoain.

Respecto al once, insistió en que lo tiene «muy claro desde hace unas semanas», si bien entre contratiempos físicos, problemas en forma de lesiones y sanciones no ha podido utilizar a los que él cree que ahora están un paso por delante en función de lo que han demostrado a lo largo de la temporada.

El míster reconoció que, tras la disputa de doce jornadas y camino del primer tercio de liga, «he visto jugadores que han experimentado un crecimiento menor del que me esperaba. Tras este tiempo, me esperaba un crecimiento mayor en algunos».

Añadió, sin dar lógicamente nombres, que «no hay que matar a nadie y no pienso hacerlo, pero sí que veo que hay productos que están elaborados ya y otros que están aún en el proceso, con los que hay que tener más paciencia; el resto, está ya».

Son los que jugarán mañana. Salvo Imanol, aún en la enfermería y en fase de recuperación, el resto está disponible. «Se trata, a partir de ahora, de dar continuidad al once inicial, aunque Segunda División es una categoría que obliga a tomar decisiones en cualquier momento en función de las circunstancias y de cómo se va desarrollando cada encuentro», recalcó.

De ahí que se muestre «más preocupado de solventar nuestro déficit de goles encajados que de lo que pueda hacer el Zaragoza. Ellos tendrán sus problemas y nosotros, los nuestros, que tenemos identificados y que estamos trabajando para subsanarlos». Toca ver la mejoría.

Por todo ello, con una alineación más de su gusto y con variaciones en el esquema, espera «un Mirandés más sólido en cuanto a la hora de recibir ocasiones. Más parecido al de Ibiza porque es el Mirandés que realmente queremos. En los dos días de descanso que hemos tenido, hemos analizado todo con el cuerpo técnico y la secretaria técnica».