Brugué fue el autor del único gol rojillo. / Carlos Gil-Roig

Brugué reanima al Mirandés

Recibió el gol a los 8 minutos tras otro despiste defensivo y después de jugar durante una hora con un hombre más, el extremo logró el empate a falta de seis minutos para el final

ÁNGEL GARRAZA

Un punto que, visto el encuentro, pudo saber a poco porque tras otra mala primera mitad del Mirandés, en la que evidenció todos sus defectos, esta vez reaccionó en la segunda para empatar a falta de seis minutos por mediación de Brugué tras jugar con un hombre más durante una hora. Incluso, dispuso de ocasiones muy claras en el tramo final para haberse llevado los tres. Los rojillos, al menos, salvaron los muebles. El mal menor.

Íñigo Vicente se volvió a quedar en el banquillo. Tiene problemas de pubalgia, de la que se trata también en Lezama con médicos del Athletic, club al que pertenece. De hecho, ha jugado en algunas ocasiones infiltrado para superar su dolencia. Eso explicaría su ausencia en las alineaciones de las últimas jornadas, si bien nada ha trascendido de este hecho por parte del Mirandés. Está entre algodones, mientras Simón Moreno se operó ayer con éxito en el hospital Ruber de Madrid «de ligamentoplastia del ligamento cruzado y sutura de menisco interno y externo», una intervención realizada por el doctor Ripoll.

La consigna, anoche, era no forzar en la medida de lo posible jugadas a balón parado, pero en los primeros minutos ya habían lanzado los locales varios saques de esquina. Tras el segundo córner, que botó en cortó el Fuenlabrada, Pedro León se sacó una impresionante rosca desde fuera del área para mandar el balón al fondo de la red por toda la escuadra. Hizo lo que quiso, sin oposición. Tan solo se habían cumplido 8 minutos. Es lo que duró el Mirandés sin recibir gol. En el partido. Ya son 12 de 17 los partidos que ha ido a remolque tras recibir un tanto del rival. Había que remontar una vez más.

El Fuenlabrada tenía más balón ante un Mirandés que dadas sus carencias defensivas no está hecho para aguantar atrás. No sabe hacerlo, no está concebido para eso. Claro que si presiona arriba, tampoco es que sean jugadores (a excepción de Camello) que se prodiguen en exceso en esa labor de insistir ante la salida de balón del contrario. Con lo cual, hay un problema.

Riquelme lo intentó al tirar directo a puerta desde el medio del campo al ver adelantado al guardameta local, pero el cuero se fue alto por poco.

Nada trascendía sobre el césped hasta que Iban Salvador, uno de los jugadores destacados de los azules, fue expulsado por doble tarjeta amarilla a la media hora de juego. Los de Escobar pasaban a jugar con un hombre más durante una hora de partido. Había que aprovecharlo.

A partir de ahí asumió el control de la pelota. Lógico. El rival se colocó con dos líneas de cuatro y un solo hombre adelantado, Dago. Pero no era capaz de generar peligro. Álex López chutó desde lejos, si bien no se contabilizaban llegadas claras de los rojillos. Era un dominio infructuoso. Muchos centros, nada precisos, y poco más. Aun así, tras varios rebotes defensivos, Brugué tiró por encima del larguero desde el área pequeña en la última jugada. Fue la única aproximación clara que protagonizó a la espera de otra segunda mitad en la que había que remontar tras otra mala primera en todos los aspectos. Salvo acciones de Camello y Riquelme, poco más se pudo salvar.

Gelabert se incorporó en la segunda mitad ( de mediapunta) y Oltra reforzó las tareas de contención con el exmirandesista Iribas y Mula. Las interrupciones y los descansos prolongados tras falta, que ya se habían sucedido en los primeros 45 minutos, aumentaban en un bando local que si ya de por sí tira de ese recurso con ventaja en el electrónico y con uno menos sobre el césped, todavía más. Hacía uso de su veteranía.

Mientras tanto, Camello definió muy bien tras un preciso control pero el gol fue anulado por fuera de juego. No subió al marcador el tanto ni tampoco el veterano Pedro León lo encontró tras botar una falta que despejó bien Lizoain.

El Mirandés seguía cometiendo muchos fallos defensivos y a pesar de que jugaba con uno más, no tenía las riendas del encuentro. A falta de media hora se sumó Vicente para situarse en la izquierda. El resultado ante un equipo en descenso no servía. Se convirtió en revulsivo.

Gelabert se resbaló y su disparo se topó con el brazo pegado de Iribas. Después de revisarlo en el VAR, hubo rectificación y no pena máxima. La entrada del de Derio impulsó al equipo, que se fue hacia el área rival. Un remate de cabeza de Camello (el mejor del Mirandés) fue desbaratado por el portero Altube.

Entró Hassan por Carreira para jugar de carrilero; Mbia se topó con el larguero y, a falta de 6 minutos, Brugué cruzó ante la salida del meta tras una magnífica asistencia de Gelabert. 1-1 que pudo ampliarse pero Altube lo impidió al lucirse ante un cabezazo de Brugué casi en el 90.