Roger Brugué es uno de los jugadores del Mirandés que más ha progresado tanto en la faceta defensiva como ofensiva desde que arrancó la temporada. / a. g.

Brugué: brotes verdes para la esperanza

El extremo es uno de los miembros de la plantilla rojilla que más ha evolucionado desde el inicio

ÁNGEL GARRAZA

La situación en la que se encuentra el Mirandés no es la que la afición jabata esperaba a estas alturas de temporada por mucho que se trate de un equipo siempre llamado en Segunda División a pelear por salvar la categoría. Quizás se generaron al principio demasiadas expectativas (la ilusión nunca hay que perderla) que no se correspondían con la realidad, con lo que realmente hay. Lo cierto es que el conjunto rojillo se encuentra al borde del descenso, con solo un punto más después de que ni siquiera cuando es muy superior a su rival (a la Ponferradina en El Toralín) es capaz de puntuar. Pero, al menos, hay algunos brotes verdes (no demasiados todavía) para poder mantener la esperanza. Brugué protagoniza uno de ellos.

El extremo es uno de los miembros de la plantilla que va de menos a más en la temporada, que más está evolucionando. Es un espejo en el que fijarse para otros compañeros que pueden dar ese mismo paso. Recaló en la disciplina del equipo que entrena Lolo Escobar a las puertas de arrancar la Liga, a mediados del pasado mes de agosto. Comenzó ya el primer encuentro en La Rosaleda de titular, pero sus primeras actuaciones fueron más bien flojas.

Se notaba que acababa de aterrizar en un equipo nuevo, sin rodar ni interiorizar los conceptos para un buen funcionamiento tanto individual como colectivo. Sin desequilibrio por la banda derecha, tampoco ayudaba por aquel entonces en tareas defensivas, un problema endémico que ha tenido este plantel desde el inicio y que todos sus integrantes intentan corregir en la medida de sus posibilidades conforme avanzan las jornadas.

A día de hoy es uno de los jugadores más destacados tanto en la faceta menos grata, la defensiva, en ayuda del lateral, como en la ofensiva. Esta progresión le ha servido para que en los cuatro últimos encuentros haya sido titular, completando dos de ellos (ante Fuenlabrada y Oviedo).

Ha pasado de ser el futbolista que se utiliza a modo de revulsivo, que se incorpora al juego en los segundos tiempos, a tener una mayor continuidad en las alineaciones fruto de la mejoría experimentada en las últimas semanas de competición.

Se da la circunstancia de que ha participado en los 19 encuentros de liga que ya son historia. Pero en solo siete ha intervenido desde el pitido inicial del árbitro de turno. A pesar de todo ello, acumula cinco goles, obtenidos ante Leganés, Eibar, Girona, Zaragoza y Fuenlabrada.

Salvo el que consiguió ante el cuadro pepinero, las otras cuatro dianas llegaron entre los minutos 81 y 95. Sirvieron para sumar tres puntos porque dieron otros tantos empates tras ir perdiendo el Mirandés en la recta final de esos compromisos. De los 1.710 minutos de campeonato, solo ha permanecido sobre el césped en 718. Pero ha sido –y es– un futbolista determinante.

El jugador cedido por el Levante se une a Camello, quien progresa adecuadamente en goles, asistencias y trabajo en favor del colectivo a través de la presión que ejerce sobre el contrario –aunque en Ponferrada no estuvo acertado ante la portería contraria al disponer de varias ocasiones muy claras que no pudo concretar, este partido no puede empañar su trayectoria – y a la buena temporada que está realizado Íñigo Vicente, líder de Segunda en algunos apartados como el de pases en progresión, además de firmar tres asistencias y otros cinco tantos.

Son los brotes verdes de un gris, hasta ahora, Mirandés, a la espera de que se sumen muchos más.