En el nombre de Anduva

Se busca que la afición juegue un papel importante en este último compromiso liguero./ A. G.
Se busca que la afición juegue un papel importante en este último compromiso liguero. / A. G.

El primer puesto pasa por ganar el último partido en el feudo rojillo en lo que se presenta como la primera final

Óscar Casado
ÓSCAR CASADO

Ya están aquí. La hora de las finales ha llegado. Lo ha hecho en un momento y una situación que la mayoría de la parroquia rojilla hubiese firmado al comienzo del curso, tras el regreso a la categoría de bronce y la incertidumbre de poder formar un grupo capaz de optar a lo máximo: el ascenso. Un objetivo que nunca se ha escondido, tampoco hacía falta decirlo todos los días, en una temporada larga, con alguna duda, malos y buenos momentos, pero sobre todo con la mente puesta en la fase de ascenso.

El Mirandés no ha tenido un camino fácil sobre todo en la segunda vuelta. Seguramente no ha demostrado un gran juego, pero que a nadie se le olvide: esto es Segunda B. Una categoría complicada, con mucho físico y menos dosis de calidad respecto a lo que se mostraba en Segunda. Pero en cualquier caso un mérito hay que reconocerle al técnico rojillo, Pablo Alfaro, que ha sabido formar un bloque, con sus limitaciones, pero que cree y que ha llegado hasta el último encuentro del campeonato regular con opciones de quedar primeros. Para lograrlo es el único que depende de sí mismo.

Además, el cara o cruz decisivo se jugará en el feudo rojillo, por lo que solo por este detalle, la afición merece que el equipo sea capaz de ganar al Gernika, aunque solo sea por el nombre de Anduva. Para eso, el club tratará de conseguir una buena entrada, con el ambiente de las grandes ocasiones.

Por otra parte, sobre el césped, los jabatos tendrán que seguir el guión soñado con una base de esfuerzo pero también de juego para ser capaces de llevarse los tres puntos en esta primera final para lograr el ascenso. Todo lo que no sea la victoria complicaría, y mucho, el campeonato, por lo que es la hora de poner todo en el asador, para no morir ahogado en la orilla tras 38 encuentros.

Ahora queda una semana de nervios y tensión, en la que a buen seguro la llama de la ilusión irá creciendo poco a poco. Miranda es así para lo bueno y lo malo. El sábado tras empatar un partido con sabor a derrota todo parecía perdido. El domingo por la mañana la ciudad se despertó todavía cabreada, pero los rojillos gastaron una vida y el fútbol les dio una oportunidad. La afición respiró pero todavía duraba el resquemor del partido en Gobela.

Pero tras el empate del Sporting B y el paso reflexivo por la almohada, las conversaciones poco a poco irán tornando hacia la ilusión, hacia el objetivo de conseguir que el encuentro del domingo no se escape y que los tres puntos certifiquen el primer puesto de los rojillos. Porque a falta de una encuentro todo, o casi todo, está por decidir en el play off de ascenso.

La situación es esta, entre otros motivos, porque la cabeza del grupo es la más fuerte de toda la Segunda B. Tras 37 partidos, los cuatro primeros están en un pañuelo, en tres puntos por lo que los rojillos todavía, en caso de derrota, podrían quedar cuartos. Esta igualdad por arriba no se vive en ningún otra clasificación de Segunda B. Además, de los ochenta equipos que hay en la categoría solo seis han llegado o han sobrepasado la barrera de los setenta puntos. Mirandés, Sporting B, Real Sociedad B y Bilbao Athletic, dentro de los conjuntos norteños, una lista a la que se suman dos líderes: el Mallorca y el Cartagena, ambos con 70.

Antecedentes

Con la necesidad de ganar ante el Gernika se llegará al domingo, pero no está todo hecho. Hay que competir en los noventa minutos, porque la situación que se vivirá en Anduva no será nueva para el Mirandés. Y además, el antecedente es de esos de los que invita a mantener los pies en el suelo. Hace unas temporada, en la 2010/2011, en el primer curso de Carlos Pouso como entrenador rojillo, se llegó a la última jornada con el Mirandés como líder, a un punto del Eibar que terminó siendo primero.

Los rojillos sumaban 71 puntos, en un grupo en el que estaba el propio conjunto armero, el Alavés, el Oviedo o la Cultural Leonesa. Para quedar primeros, los jabatos dependían de sí mismos, como ahora, y tenían que ganar a la Gimnástica de Torrelavega para ser primeros. Pero no se consiguió. A los rojillos les temblaron las piernas y terminaron empatando a dos, ante un rival que no se jugaba nada en la clasificación, al igual que sucede con el Gernika. Como curiosidad, en el empate a dos, los goles del Mirandés los transformó Raúl García, un jugador que no había marcado en toda la Liga.

Los tantos llegaron en los últimos minutos, después de que los cántabros se pusieron 0-2 en el 85. Sin embargo, la remontada se quedó en eso y el Eibar, que venció por 2-1 al Guijuelo, terminó primero. Después ninguno de los dos ascendió, aunque para el recuerdo positivo de aquellas eliminatorias quedará la remontada al Cádiz en el feudo rojillo, en la que tuvo mucho que ver el factor Anduva.

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