El Mirandés deberá jugar cuatro encuentros de Segunda División B en césped artificial

El terreno de juego de Urbieta (Gernika) se repuso en 2015 para ser de última generación; sus medidas, 105x66, son las que más se asemejan a Anduva (105x68)./E. C.
El terreno de juego de Urbieta (Gernika) se repuso en 2015 para ser de última generación; sus medidas, 105x66, son las que más se asemejan a Anduva (105x68). / E. C.

Los campos de Arenas, Gernika, Izarra y Caudal tienen hierba sintética, a la que se tendrán que amoldar los rojillos

ÁNGEL GARRAZA

Es otra de las consecuencias que conlleva el hecho de jugar en Segunda División B, un campeonato que ya estrenó el pasado fin de semana el Mirandés en Sarriena. No permitidas en la Liga de Fútbol Profesional, ni en Primera ni en Segunda División, en la categoría de bronce sí son habituales estas superficies, de tal manera que los entrenados por Pablo Alfaro se van a encontrar con cuatro terrenos de juego de hierba artificial a lo largo de la campaña 2017/18, recién comenzada en Leioa.

Los campos de los equipos vascos del Arenas de Getxo y Gernika, ambos vizcaínos, del conjunto navarro del Izarra y del Caudal asturiano son sintéticos y a los que se tendrá que amoldar, por lo tanto, el equipo rojillo para sacar resultados positivos también en estos escenarios, igual de importantes que los restantes quince que tendrá que visitar.

Es otra diferencia que presenta la Segunda B. Aunque una plantilla como la mirandesista, que quiere permanecer arriba durante el campeonato para intentar lograr después el objetivo, no puede poner excusas acerca de este obstáculo, lo cierto es que es una circunstancia a tener en cuenta para jugadores y escuadras que no están acostumbrados a desenvolverse sobre este tipo de superficies.

Mucho más cortos

El primer desplazamiento en el que se encontrará con hierba artificial es el fijado para la quinta jornada, cuando la escuadra de Miranda visitará el próximo mes Merkatondoa, el campo del Izarra; el 16/17 de septiembre, en una fecha aún por señalar.

Unas instalaciones que entre 2008 y 2009 se ampliaron con nuevos vestuarios, oficinas, bar, además de dotar al campo de hierba artificial, que es el que hoy en día permanece. Sus medidas (oficiales) son de 102x65 metros. Es más corto y estrecho, por lo tanto, que Anduva (105x68). Su capacidad es de 3.500 espectadores. Aquí es donde estrenará el Mirandés su periplo por los campos de césped sintético.

El estadio Hermanos Antuña es la casa del Caudal de Mieres y la segunda que visitará, de estas características, el 28/29 de octubre. Fue reformada en el año 2008 y está previsto que se lleve a cabo una próxima remodelación, más delante, de lo que es el rectángulo de juego. Este club celebra su centenario y quiere conmemorarlo, entre otros proyectos, con esta mejora que también contempla implantar un césped de nueva generación.

Según los datos oficiales es un recinto de reducidas dimensiones: 101 x 66 metros, mucho más corto que Anduva, otro factor destacable, aunque al ser una plantilla, la rojilla, con experiencia en Segunda B también se supone que estará más acostumbrada a jugar en este tipo de campos. Su capacidad no llega a los 3.000 espectadores.

El Mirandés despedirá el año 2017 y la primera vuelta en el feudo de otro adversario cuyo campo carece de hierba natural: el Gernika. Será el 16/17 de diciembre cuando ambos se vean las caras en Urbieta, el territorio del bloque vizcaíno.

Construido en 2005, remodeló el césped para implantar uno de nueva generación hace tan solo un par de años. Es, en cuanto a dimensiones, el que más se asemeja a Anduva, sin llegar a tener las mismas.

Siempre según los datos oficiales, sus medidas se acercan más a lo que puede ser el Municipal mirandesista, aunque es un poco más estrecho. Pero igual de largo: 105x66. El Mirandés, como equipo, no ha visitado nunca estas instalaciones que se crearon hace doce años.

Tres, en la primera vuelta

Deberá jugar en este tipo de superficie un total de tres encuentros en la primera vuelta porque el que falta, tendrá lugar en la penúltima jornada de la Liga del Grupo II, que es cuando viajará a Getxo para medirse al Arenas. Será en la jornada 37, el 5/6 de mayo, antes de que concluya el campeonato doméstico en Anduva ante el Gernika.

Visitará Gobela, totalmente remodelado en el año 2004, que es cuando se colocó por primera vez la hierba sintética. Es de última generación, si bien este es el campo que presenta más peculiaridades porque sus medidas no pasan de 100x61 y con poco más de un millar de personas de aforo.

Son los cuatro campos del Grupo II de Segunda B con césped artificial que se encontrará la escuadra de Alfaro. Aunque unos jugadores hayan pisado más que otros este tipo de superficies, no es menos cierto que al futbolista acostumbrado a jugar sobre hierba natural se le hace raro desenvolverse en estos terrenos de juego.

Se notan diferencias. Desde las consecuencias derivadas a efectos musculares porque se corre el peligro de que se presenten sobrecargas en zonas no habituales como la espalda, además de en los isquiotibiales, glúteos, etcétera, sin olvidar que la adaptación es más lenta que en hierba natural respecto a la forma de rodar el balón y a la botar.

El Mirandés, al que siempre se le había colgado el ‘sambenito’ de jugar como anfitrión en un campo pequeño –un comentario, estos últimos años, infundado porque sus medidas son las estándar e incluso superiores a las de algunos campos de Segunda División, que estaba más motivado por la cercanía de las gradas al rectángulo de juego– pasa a ser el visitante de recintos en la categoría de bronce que sí presentan de forma clara unas dimensiones mucho más reducidas.

Un encuentro en el mes de septiembre (Izarra), otro en octubre (Caudal), el tercero con el que se despedirá tanto el año como la primera vuelta (Gernika) y el cuarto, en la penúltima jornada de la Liga (Arenas) son los obstáculos que también deberá salvar en este sentido un Mirandés que no quiere aferrarse a esas excusas para poder alcanzar el objetivo deseado.

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